Una de las cuestiones, dudas o curiosidad, que más a menudo me preguntan, tiene que ver con la diferencia o, más propiamente dicho, con la dificultad para establecer la diferencia entre ansiedad y estrés. Hay quien hasta las considera términos equivalente, incluso sinónimos. Y es que la vida moderna, tan agitada y exigente, confunde.

La respuesta no puede ser otra.  Sí, hay diferencias. Y las hay tanto en su definición clínica, como en la cultural. Así que, si me lo permiten, les expongo algunas consideraciones, que espero sean clarificadoras para aclarar las dudas sobre dos estados de cansancio mental, que son más maleables de lo que parece.

El estrés es una respuesta, a veces específica y a veces no,  ante estímulos que perturban el equilibrio de una persona y que hace que esta dude de su capacidad para hacerles frente.  Es decir, cuando los recursos se sienten presionados por los estímulos, se genera estrés. Cuando mayor es la presión, mayor es el estrés.

La ansiedad la originamos internamente. Está relacionada con nuestra percepción de lo que se exigirá y los recursos de los que disponemos para afrontar dicha exigencia. Tiene un carácter aprensivo y un impacto potencial sobre nuestros sentimientos. Preocupación anticipatoria, angustia y somatización de la tensión son las principales manifestaciones de su presencia. La ansiedad, desde un punto de vista clínico, se centra en la angustia emocional.

Ya tenemos una gran diferencia. Si el estrés se refiere fundamentalmente a nuestra experiencia bajo presión, la ansiedad lo hace con nuestros sentimientos acerca de esa experiencia.

La relación temporal de una u otra situación nos señala también diferencias entre estos estados mentales. El estrés, generalmente, se experimenta en el presente, en los acontecimientos cotidianos, se refiere a una demanda actual y real. Sentimos estrés al hacer lo necesario para cumplir con las demandas de la vida.  La ansiedad habita más en el futuro. Lo que podría suceder y cómo nos sentimos ante algo que, la mayoría de las veces, ni siquiera ha sucedido aún, es su sino. La ansiedad es una construcción cognitiva sobre alguna posibilidad futura, está llena de expectativas; y las expectativas llenas de frustración.

No quisiera acabar sin comentar una diferencia muy importante, quizá la que más. El estrés se siente situacional, mientras que la ansiedad la sentimos mucho más personal. De esta manera, rara vez el estrés genera sentimientos de responsabilidad o de vergüenza. En el mundo del “hazte a ti mismo” del positivismo neoliberal, incluso se le considera un signo de distinción, una insignia de la autorrealización por la que nos matamos a trabajar pensando que “¡Nos estamos haciendo a nosotros mismos!” La ansiedad, sin embargo, se experimenta como una debilidad, una falla mental, algo que lleva a personas a sentirse avergonzadas, aunque no sepan muy bien de qué, ni de por qué.

Si, existen diferencias notables. Pero también algunas similitudes relacionadas con la interacción y la superposición entre ambas. La buena noticia es que podemos tener control sobre ellas, si nos paramos a pensar y reflexionar acerca de nuestras  experiencias vitales.

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