El Escriba se halla ante espinosa disyuntiva, una de esas que hacen que la voz ‘trilema’ resulte mejor que dilema, que corta puede quedar. Resulta que semanas atrás, acaso por inicuos oficios de Mnemosine, pérfida Señora de la memoria, la saga de El Minotauro en Sevilla quedó irresuelta. El problema es que, de seguro, el lector perdió el hilo narrativo y recordárselo sería un real engorro; con todo, tal es una opción.

Otra alternativa sería, por ejemplo, orientar esta sin par columna hacia los yerros de Miguel Ángel Osorio Chong, el titular de Gobernación, quien en su pasada visita a Cancún dijera que la violenta espiral que viven tanto la misma ciudad como la vecina Playa del Carmen van para largo, pues “es aventurado poner una fecha para el fin del conflicto entre los cárteles que pelean por estas plazas”.

Eso sí –que todo debe decirse- muy campante explicó que los  asaltos bancarios, las ejecuciones y las extorsiones que ocurren en ambas ciudades son secuelas de la lucha entre los cárteles, pero que junto con el gobernador Carlos Joaquín González trabaja duro en los retos que hay por delante para que Quintana Roo regrese a la tranquilidad, lo que no resulta fácil pero dijo que había avances y que bla, bla, bla.

Lo recién dicho por Osorio Chong  va a contrapelo de las declaraciones que hiciera él mismo semanas atrás, también en Cancún, donde tajante afirmó que sabía quiénes eran los autores de la violencia e iría tras ellos. Pues resulta que o no lo sabe o no quieren ir tras “ellos”, pero entre tanto los tales “ellos” siguen con sus cruentos negocios poniendo en riesgo la imagen de la zona turística más importante del país.

Tristes declaraciones de Osorio Chong. La violencia está desbordada en el norte estatal y el garante de la seguridad interna del país no tiene buena brújula o le gana la desidia. Salvo para él, es obvio que se debe replantear la estrategia nacional contra el narco. Ya lo decía Rafael Bernal, el autor de la celebérrima novela El complot mongol: “Sé de chinos y no hay uno que sea decente, por vida de Dios”.

En realidad el que sea una autoridad en el tema es harto debatible, pues si bien en su novela, impresa en 1969, los orientales son muy malos, ello es por exigencia de la trama y no por investigación de campo, además de que se hizo un lío al confundir las fronteras entre China y Mongolia y entre este país y Rusia. Empero, bien vale la pena usar una licencia casi literaria para rematar con luces el párrafo anterior.

Por otra parte, suena grosero, brusco, tildar de indecente chino al personaje no ficticio al que se alude, y por eso hay que dar a la expresión un cierto toque culterano, una pátina de gentileza, no sea que le dé un patatús el capo del Palacio de Cobián, allá en Bucareli, donde culminan tantas y tantas marchas de protesta y donde, por añadidura, hay sinfín de restaurantes llamados Flor de Loto y La muralla china.

Para los legos, en la novela, que para algunos es la mejor obra policiaca mexicana –Paco Ignacio Taibo II no opina lo mismo- Filiberto García, rudo detective hijo de la Ciudad de México, para salvar al mundo enfrenta agentes del FBI, la KGB y la 内蒙古自china, a los que llama espías ‘mongoles’ por igual razón por la que algunos llaman “turcos” a los libaneses, es decir, por soberanos estúpidos.

Como glosa adicional para los millennials, esto es para los natos entre 1984 y el 2000, según Time magazine, y que son quienes necesitarán toda la información posible para lidiar con la arrolladora masa de hijos del Celeste Imperio, va lo que sigue: si no quieren leer la novela, no importa. En 1989 Radio Educación realizó una radionovela con base en ella y el audio se halla en internet. Servidos, jóvenes onagros.

¡Generoso que es El Escriba con las nuevas generaciones de Occidente! Estos chavales serán los que hagan frente a la ola asiática que asoma en el horizonte y deben saber lo más posible sobre los chinos contemporáneos, los de hoy, pues lo que se enseña en las escuelas en torno a Ling Yutang, Lao Tse o el mismísimo Confucio, en muy  poco o nada es lo que abonan a esta parcela.

Por cierto, metidos en temas exóticos y dejando claro que es inusual que esta columna dé consejos, se sugiere a las autoridades judiciales del Estado para que, por propia salud institucional, dejen por la paz el caso del ruso esquizofrénico y busquen su pronta deportación a la Madrre Russia y luego olviden el asunto, pues de lo contrario van a enlodar aún más  lo poco que resta de su buena imagen pública.

De seguro el avispado lector habrá reparado en que hace unas líneas se aludió a Paco Ignacio Taibo II y se le ubicó como antagonista de Rafael Bernal, pero nada más alejado de la realidad,  pues el hermano mayor de Benito Taibo se ha confesado admirador del poeta, narrador y diplomático autor de la dicha novela policiaca y de otras de igual calidad como El fin de la esperanza y Su nombre era muerte.

Por añadidura, entre 1954 y 1955 publicó en entregas, en el periódico capitalino La Prensa, la novela Caríbal. El infierno verde, la que luego sería reeditada, como un solo volumen, en la serie Popugráficos de La Prensa. Este diario fue el primero en México en utilizar los sobrantes de las bobinas de papel revolución para imprimir libros de bolsillo. Años más tarde seguiría sus pasos el periódico Excélsior.

El caso es que, casi de sorpresa, Benito está de nuevo en la saga de El Minotauro y, sea por cortesía, conviene tornar a las aventuras de la fabada en Andalucía y al casi portentoso derriere de la bella Marilyn Calipigia, objeto de las más altas pasiones del autor de Persona Especial. Si estuviera prendado de sus tobillos o de sus codos, hablaríamos de bajas pasiones o, si se quiere, de fetiches idiotas.

Con esto queda librado el dilema y, con fingido desgaire, se sitúa al lector en la taberna Las Escobas, quizá la cantina en funciones más antigua de Europa, pues abrió sus puertas  allá por 1386 en la cercanías de la Catedral de Sevilla, y por la que se asegura han desfilado notables clientes como Don Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Bécquer, Alejandro Dumas, Lord Byron y, desde luego, el Señor de Creta.

El breviario es para refrescar la memoria del lector pues, aunque se quisiera hacerlo con una cerveza o una “cañita” de por medio, ello no es posible; también se recuerda que la cita en Sevilla entre el Héroe y Benito Taibo es para dirimir cuál de ellos es el mejor cocinero de fabadas. El premio para el de Creta, si gana, es la entrega de una obra inédita del autor a la non plus ultra Gaceta del Pensamiento, la única revista a la que es aficionado.

En caso contrario, Benito obtendría un gran tonel de vino mezclado con ambrosía, que es una bebida que alegra el alma y, por más que se beba, no deja cruda o resaca. Sus virtudes son tales que si un bebedor cualquiera, tras sus habituales libaciones, toma al final una copa de este elixir,y se puede olvidar de molestia alguna al día siguiente. Por añadidura despierta el rijo hasta de la mujer más pasmada.

Por si el galardón fuera poco, si el escritor ganara podrá vivir un tórrido romance de una semana con Marilyn en la isla del Egeo que guste o donde le dé la gana. La cubana está de acuerdo pues para ella no hay carta de amor mal servida en la mesa de póker de la vida. A los posibles plagiarios de esta frase se les avisa que tiene registro, que no todos los días le salen al Escriba lances tan redondos.

Asentado lo anterior, se notifica al respetable que será en la próxima entrega donde se den detalles de la justa cocinera, pues resulta que, por un lado, Benito se halla en la ciudad de México disponiendo una recepción digna de la bella cubana –se da por seguro ganador – y por el otro el Señor de Creta, a trasmano apuesta fuerte en la puja por comprar la escultura ‘Andrómeda’ de Auguste Rodin.

Su competidor mayor en la fina subasta de arte es, nada menos que Carlos Slim. El magnate mexicano la quiere para el Museo Soumaya… (Continuará)

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