Psicología

De amar mucho y quererte poco (II)

Sí, cierto, la dependencia emocional tiene un rasgo autodestructivo muy preocupante.

Común y singular en la dependencia emocional.

Como ocurre con Sandra E., y Sergio, (Ver: De amar mucho y quererte poco I), acaparar a la pareja y alejarla intencionalmente de los demás son rasgos muy significativos de la dependencia emocional. Las similitudes con el apego ansioso son evidentes: temor a la pérdida de la relación, búsqueda insaciable de proximidad y protestas basadas en el miedo al abandono. A diferencia del apego ansioso, en la dependencia emocional los episodios de separación puntuales, de baja temporalidad, no son factores patógenos en sí mismos. Los dependientes emocionales, además de las características de necesidad de protección y cuidado del apego, únicas invocadas en el apego ansioso, demandan vínculos afectivos insatisfechos y tremendamente exigentes e intolerantes.

En la sobrevaloración del otro, en su endiosamiento, al dependiente emocional le gusta estar un paso por detrás. Siguen la estela de su rumbo y lo hace desde una imperiosa necesidad de afecto, de constante aprobación, con gran dependencia interpersonal sociotrópica; es decir, arrastrando situaciones de ansiedad frecuentes y predisposición a fenómenos depresivos. En ocasiones, emana una conducta victimista. Aunque existe un cierto solapamiento entre personalidad sociotrópica y dependencia emocional, en cuanto al sufrimiento; en la dependencia emocional la necesidad y el anhelo subyacente a éste tiene que ver con las relaciones interpersonales de sumisión en el/la dependiente emocional.

Sí, cierto, la dependencia emocional tiene un rasgo autodestructivo muy preocupante. Dejando a un lado del camino la tradición psicodinámica de la necesidad de castigo o de placer en el dolor, la relación más cercana entre personalidad autodestructiva y dependencia emocional la encontramos en las relaciones de sumisión, especialmente a personas narcisistas y explotadoras, el ánimo disfórico y la baja autoestima. Contrariamente a la  personalidad autodestructiva, los comportamientos punitivos y de sabotaje hacia sí mismos no son una característica necesaria para que se dé una dependencia emocional.

Finalmente, podemos equiparar muchas de las características de la dependencia emocional con otras muchas que describen la adicción amorosa, o, teniendo en cuenta que no existe consenso sobre la aplicación del término “adicción”, con la necesidad irresistible (“craving”) de estar en pareja. En este caso, lo más destacable está en las diferencias entre ambos conceptos. Y es que el dependiente/a emocional lo es aunque no esté en pareja. Desarrolla adicción al amor cuando se involucra en relaciones asimétricas y destructivas.

 

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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