“No es la mentira lo que más entristece, sino la verdad de no volver a creerte” @blasramonpsicologo

Hablar de fidelidad, y particularmente de infidelidad, es acometer un tema complejo, cargado de emociones dolorosas y sentimientos contradictorios, que durante siglos ha formado parte de las preocupaciones, imaginarios y fantasías del ser humano.

La infidelidad se asocia, poco discutiblemente, con la deslealtad. La deslealtad es terreno abonado por el engaño y la desconsideración. De ahí que es habitual que consideremos que la infidelidad responde a un acto egoísta, a una pasión incontrolada, a una venganza o a que existe un comportamiento malvado por parte de nuestra pareja. Pero esto es simplificar el asunto. 

 Cada pareja es su mundo, y que alguien dentro de una relación quiera tener otra relación afectivo-sexual fuera de la pareja, tiene un origen multicausal. En numerosas ocasiones, la infidelidad suele obedecer a la frustración, a la necesidad de sentir amor, a la búsqueda de afectos o simplemente a la vivencia del desamor. Ninguna de esas insatisfacciones justifica, ni siquiera disfraza, el carácter dañino y mezquino de la infidelidad. La infidelidad hace saltar por los aires nuestra capacidad para la empatía y para la asertividad con los derechos de nuestra pareja a no sufrir maltrato alguno. La infidelidad es hacer un trato con el maltrato, que nos convierte en merodeadores hipócritas.

La infidelidad es una elección. Conviene no olvidarlo, ni tratar de justificarlo como una condición endógena del ser humano, con un impulso relacionado con la segregación de testosterona o, finalmente, achacarlo a situaciones de estrés. La infidelidad implica, al menos, a una persona más, sea de manera emocional o sexual, o ambas. Es decir, la persona infiel toma la decisión de dedicar tiempo, recursos y afectos a otra u otro. Toma la decisión de (en la mayoría de los casos) llevar la nueva relación de manera oculta a la pareja, lo que implica la construcción de un mundo de mentiras más o menos complejo. Y para la mentira hace falta buena memoria, con lo cual, con el tiempo la infidelidad acabará desvelándose, y con frecuencia de una manera no exenta de crueldad. Decirle a alguien que se le ha estado engañando durante años es demoledor. 

La infidelidad es cosa de tres, donde al menos uno suele experimentar un sinvivir emocional. Suele destrozar la relación de pareja haciendo que acabe mal, y muy mal. Y suele, también, desterrar a la tercera persona al rincón de la nada. La infidelidad suele determinar el fracaso de la relación, de una u de la otra. Igualmente, ocurre que quien juega con la infidelidad acaba por perderlo todo. Cierto que, en algunos casos, la terapia de pareja puede funcionar muy bien para resolver estas situaciones. Pero seamos claros, la infidelidad es una herida que tarta bastante tiempo en cicatrizar, necesita del perdón y del olvido. Entienda por olvido, querido lectora, lector, el hecho de que el recuerdo de la infidelidad y de todo el dolor que provocó, al volver a aparecer con el tiempo, ya no nos hace un daño insoportable.

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