En el Laberinto, en la cima del Monte Ida, El Minotauro está de fiesta: la visita de su compadre Dédalo es inminente. El Señor de Creta no sólo ha preparado para su huésped una suntuosa habitación revestida de cedro, sino también ordenó que de los muros de galerías y corredores se descolgase cualquier adorno de aves o insinuara siquiera la posibilidad de desafiar al cielo. Las lámparas de aceite sustituyen a los cirios.

Se trata de un visitante muy especial: fue quien diseñara hace siete milenios la residencia del Gran Astado, un modelo mejorado del Palacio de Cnosos, con su sistema de drenaje –el primero de Europa- y sus troneras escalonadas que parecen perseguir el paso de la luz conforme avanza el día. El exterior, estampa volcánica, contrasta con el lujoso interior, donde los pies sólo pueden pisar mármol.

El Laberinto en verdad no es tal, pues de su centro, donde se encuentra la amplia pista de baile que Dédalo construyera para Ariadna– En La Ilíada Homero en loa su lisura y su diámetro-, parten dilatados corredores hacia los cuatro puntos cardinales que están rematados por terrazas que dan al Egeo. A los lados de cada andador, con filigrana geométrica, se hallan los diversos recintos de la residencia.

El Héroe ocupa ahora el terrado norte, el que mira al Puerto de Heraklion, capital del archipiélago. Fue en ese mirador donde ocurrió la que acaso fuera la más terrible tragedia helena. Por veinte siglos, en señal de luto, la terraza estuvo desierta, hasta que un día Ariadna decidió que era tiempo de que la luz del sol eclipsara la tristeza. Aun así, con el balcón abierto al viento, por cinco siglos más no fue habitada. ¿Qué ocurrió allí?

Mas como se dijo, la visita de Dédalo es ocasión de fiesta en el Laberinto. En el salón comedor, donde de las paredes penden lienzos de Picasso: ‘Minotauro con una mujer dormida’, 1933; ‘El Minotauro y Marie Thérese’, 1934, y ‘Dora y el Minotauro’, 1936, (el Héroe dice que no es ególatra, sino que admira el arte del pintor malagueño) se servirá una banquete compuesto sólo de pescados y otros frutos marinos. Nada de aves.

De primer tiempo se servirán canapés de Caviar Beluga 000 del Mar Caspio(no confundir con el Beluga 00 Imperial, que es de menor finura) con vino blanco Bennwihr de Alsacia. Luego ensalada fresca con tronco de atún y, de fuerte, Crujiente de langostino mediterráneo con mayonesa wasabi -raíz de origen nipón próximo a la mostaza-, con vino Tayaimgut Blanc,1998, de la Casa Penedés (España), que es más seco que el anterior.

El Héroe y sus coetáneos gustan de los placeres mundanos; disfrutan del buen yantar y folgar, de la música, la poesía y el generoso vino. Son mediterráneos hasta la médula. Saben bien que placer es tan buen maestro como el dolor, a contrapelo de la católica iglesia, que aunque tiene sus raíces más profundas en el mundo heleno, sólo se embebió de las sombras y las ha arrastrado por más de dos mil años.

Pero su pensamiento es profundo y excede por mucho el juicio humano. Los guía la bondad que logran los que, como ellos “han mirado al abismo y han sido mirados por éste”, como dijera Friedrich Nietzsche, aunque sin indicar que pocos son los que superan el trance.“El que lucha con monstruos debe cuidar en no convertirse en uno”, apuntó también el filósofo por derecho ciudadano de la inmortal Weimar.

Por esto es que el Señor del Egeo sólo recibe a unos pocos hombres del poder terreno; los más han sido absorbidos por el Abismo y no por encararlo, sino por vislumbrarlo apenas. La codicia los enloquece y más si son jóvenes. Mandatarios de toda laya, desde presidentes a gobernadores y alcaldes, algunos con las manos tintas de sangre, son pálida sombra del loco Creso, pero sin su dorada gloria. Basura son de estos tiempos.

(Tan sólo así, en este contexto, puede entenderse el brutal desprecio de las autoridades federales hacia la vida de millones y millones de seres cuya salud podría quedar desprotegida si se concluye la disimulada privatización del Instituto Mexicano del Seguro Social, una maniobra oscura que inicio ya con el virtual desarme de los servicios en los hospitales y la el desabasto de medicamentos básicos.

“Quieren atentar contra el Artículo IV constitucional –“toda persona tiene derecho a la protección de la salud. La ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud”- e incluir una ‘garantía explicita’, es decir, sólo se atenderá esto y aquello. Por eso le llamo el ‘seguro vitacilina’ porque sólo se atenderá a personas que presenten “golpecitos y raspones que sean leves”, pero hasta allí…

“Todo lo que salga de esa suerte de póliza, como ya está en el Seguro Popular, no va a estar incluido y las personas no van a tender acceso y derecho a la salud a menos que vayan a una aseguradora privada”, aseguró recién José Roberto Manzano, presidente de la Asociación Mexicana de Derecho Médico, en un panel interdisciplinario de especialistas que encara la Reforma de Salud propuesta por Enrique Peña Nieto

En el mismo panel se destacó que el gasto total en salud revela el enorme reto que México tiene por delante: de acuerdo con la OCDE está debajo del promedio del gasto total en salud, que en los países miembros es de 9.5 del Producto Interno Bruto y el país se halla en el 6.2%, lo cual es insuficiente, sin mencionar que la aportación mayoritaria al rubro sigue siendo, en la práctica, un “gasto de bolsillo” o el más ineficiente.

Entre tanto y como dando ejemplo de la actual validez del artículo constitucional que intentan modificar, el Juzgado III de Distrito en Veracruz, falló a favor de Belem Rodríguez, afiliada al IMSS, y ordenó a las autoridades de la Clínica 63 del mismo instituto que dotara a la paciente de las medicinas que requiere para encarar su enfermedad, al considerar que viola el derecho a la salud contemplado en la Carta Magna)

Pero hete aquí que ha llegado el invitado y no viene solo. Le acompaña Náucrate, su mujer, Señora del Delta del Nilo para los helenos. En premio por haber inventado la vela, el mástil, el pegamento, el compás y la plomada, el Olimpo les concedió la inmortalidad. En su honor, en tiempos micénicos a la ingeniería se le llamaba por su nombre; los latinos le llamaron Dédalus y muchos de sus edificios parten de sus diseños.

-¡Señor de Creta, los milenios no pasan por ti. Tan lozano y arrogante como siempre! Saluda Náucrate, al tiempo que el gran ingeniero hace lo propio con Ariadna: “y veo que ya hasta tenéis una hija, dice mirando a Marilyn Calipigia. ¿De dónde salió tan blanca que parece de alabastro? ¿La concebisteis quizá más allá de las montañas de Macedonia, en las tierras del norte? ¿Acaso en lares de germanos o sajones?

-Bienvenidos, mis amigos, pero son muchas preguntas que responder para gargantas secas. Tanto el Héroe como Ariadna están desconcertados. Del cuello de Dédalo cuelga un medallón con la figura de un joven alado, mientras que Náucrate luce una chalina de exóticas plumas. Aún con su don, se ven avejentados aunque animoso. El visitante da al Héroe singular presente: un ejemplar del Vonne endlichkait de Gunter Grass.

Se trata de una edición numerada del volumen póstumo del autor nato de ‘La Ciudad de Dánzig’ –ex Estado autónomo hoy parte de Polonia- ilustrada por él mismo y hace poco presentada en Gotinga. La cínica canciller Ángela Merkel felicitó a doña Ute Grunert, viuda del autor, quien la envió a freír salchichas Bratwurst. El libro (en español, Sobre lo finito) recopila poemas y textos breves de corte filosófico.

Si en el párrafo antepasado el Héroe estaban desconcertado, ahora lo está más: Dédalo es el dueño de la aerolínea Ícaro, con sede en Madrid. “Mira, fundé la chartera en loor a mi hijo y ná, que da para comer con tocino y morcillas”. Eso explica porque el griego habla como abarrotero baturro, pero no da más luces. A su vez, Ariadna piensa que Náucrate parece perico desplumado y que bien haría en dejar la estola a un lado.

Desde el terraplén norte, en la cúspide el Monte Ida, hace algunos milenios, el joven Ícaro se lanzó al vacío sujeto a una suerte de ‘ala delta’ decorada con plumas de ave –lo de la cera fue una imbecilidad inventada después- y surcó el espacio con singular alegría: piruetas por aquí y por allá, rehiletes, vuelos al ras de mar. Vio, desde las alturas, el esplendor de la costa… Lo que no vio fue la cresta de la escollera.

Lo que siguió fue un auténtico drama griego que ya quisiera don Sófocles en lugar de su famosa Antígona. El Héroe llora a su ahijado: “siempre le dije que mantuviera los pies en el suelo”; Náucrate de desmayo en soponcio y Dédalo dándose al Hades. Vamos, en el duelo hasta le pusieron Icaria a la región donde ocurriera la desgracia. Pero, como se ve, el tiempo todo lo sana, y ya es hora de pasar a la mesa… (Continuará)

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Nicolás Durán de la Sierra
Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.