Psicología

Conviviendo sin sexo

En la letanía de las relaciones, el sexo es lo primero que se deja para “cuando se pueda”.

“¿A cuánto tiempo sin sexo se muere uno? “ #blasramon

El sexo tiene sus buenos momentos y sus horas bajas. Como cualquier otro factor que interviene en la ecuación “relaciones de pareja”, el sexo influye notablemente en la estabilidad de ésta.

Vivir juntos, llevarse bien, no tener, aparentemente, grandes problemas, pero tener aparcadas las relaciones sexuales, parece una situación difícil de conjugar, sin embargo, es más común de los que pensamos, y no solo entre las parejas que llevan ya algún tiempo juntas. Se considera que en una pareja puede existir un problema de falta de contacto íntimo cuando se produce, promedio, menos de un encuentro sexual al mes, o diez al año.

En la letanía de las relaciones, el sexo es lo primero que se deja para “cuando se pueda”. Cuando la lista de que haceres cotidianos es abultada se experimenta una tendencia manifiesta a evitar situaciones que puedan desencadenar en un encuentro sexual. Esta estrategia de evitación contribuye a generar y a mantener una situación de alejamiento emocional. Se acaba imponiendo la errónea idea de que “cuánto menos sexo practicas, menos deseo sexual sientes y cuánto menos deseo tienes, menos sexo practicas”. Y es que el estrés es un poderoso enemigo de la sexualidad.

Existe la creencia cultural conforme a la cual las relacione sexuales pierden prioridad a medida que avanza la convivencia, como si tal correspondencia dependiera de baterías que se agotan con el tiempo. Pero lo cierto es que los problemas con el sexo, el interés por el sexo, la pasión sexual, no suele afectar por igual a uno u otro miembro de la pareja. Lo que ocurre es que uno se muestre más actividad en su reclamo sexual. Esta es la fuente de conflicto más frecuente cuando la relación camina por estos vericuetos de ausencia de ese cuerpo a cuerpo de caricias, besos y deseos. Frustraciones, culpas, reproches, rabia contenida son emociones y actitudes que acompañan a las convivencias con ausencia de sexo.

Ante este problema:

El sexo no se puede disociar de la relación de pareja sin que esto suponga problemas importantes para la misma.

Si las exigencias de quien quiere sexo son adecuadas y no reciben respuesta satisfactoria, puede provocar problemas de autoestima, irritabilidad, alejamiento o rechazo y, sobre todo, pérdida de confianza.

La ausencia prolongada de relaciones sexuales afectará a la estabilidad emocional de la pareja.

Buscar asesoramiento ante estas situaciones es muy buena idea.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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