Psicología

Consecuencias psicológicas del aislamiento social

Características y soluciones en tiempos de coronavirus

El confinamiento en casa es la medida terapéutica más eficaz contra la expansión de la epidemia del coronavirus, la única que parece poder contener el azote imprevisible e impredecible de esta enfermedad respiratoria conocida como covid-19; al menos hasta que la ciencia nos proporcione una vacuna capaz de inmunizarnos contra la misma.  Este aislamiento social, consecuencia de una condición sanitaria preventiva y de recuperación en el caso de estar contagiados.

Cuando vivimos bajo condiciones de aislamiento, por muy conscientes y comprometidos estemos con la necesidad de estar separados convenientemente de los demás, como ocurre en la actual crisis del coronavirus, es habitual que se presente sintomatología propia de algunos conflictos o desajustes psicológicos. En los casos más severos, es decir, cuando nuestra relación con los demás es muy limitado, como ocurre con las personas que viven solas, especialmente personas mayores, la aparición de depresión y ansiedad es relativamente frecuente. Otro tipo de complicaciones tienen que ver con el desarrollo de conductas obsesivas y compulsivas directamente relacionadas con el consumo: ingesta alimentaria, sustancias tóxicas o juego patológico.

Esto suele deberse a que, cuando, principalmente, en una situación de baja autoestima, nuestro cerebro pierde conexión con la realidad circundante, es decir, no recibe los estímulos adecuados para la interacción neurológica adecuada a la circunstancia y a la experiencia que se vive, empezamos a actuar con torpeza y gran lentitud en la toma de decisiones. Y el coronavirus llega cargado de una enorme capacidad para cambiar los estados de ánimo, para hacernos sentir vulnerables, para perturbarnos el sueño y llenarnos de incertidumbre y miedos. Las cuarentenas pueden provocar una sensación de falta de recursos, de percepción cognitiva de incapacidad para salir de una realidad controlada por la tristeza.

Pero, como casi todo lo que nos sucede en la vida, existen formas para salir de esas situaciones de aislamiento social que nos tiene sumidos en un agujero profundo del que a vece parece que no podremos salir. No existe una regla universal que pueda seguir la población en general, o sean de igual utilidad para todas las personas. Influye mucho las características de personalidad de cada uno y cada una.  Pero, sin duda, son una buena orientación para afrontar el problema.

Herramientas para manejar el aislamiento.

Son muchas las consultas que me están llegando a través de diferentes TIC’s, y en todas ellas, básicamente, se refleja la preocupación que está generando el confinamiento obligado por esta pandemia. De hecho, en algunos casos particulares y específicos, aunque no por ello poco abundantes o significativos, se está viviendo una verdadera experiencia de estrés postraumático. Principalmente, las derivo hacia los servicios organizados por las administraciones públicas para asesorar en estos casos. Pero a nivel básico, podríamos considerar las siguientes cuestiones como fundamentales para poner freno a las situaciones de tristeza, angustia o ansiedad, y superarlas.

No desesperarse.

Sin duda es la clave para todo lo demás. Es necesario comprender, para prevenir, que el aislamiento genera mayores niveles de irritabilidad, hipersensibilidad y reacciones imprevista a la percepción de estímulos amenazantes o anticipatorios.

Conviene tener presente la prioridad de enfocarnos en lo positivo, aunque no resulte un esfuerzo fácil dependiendo la situación personal, económica y de salud física y mental en la que nos encontremos. Por ejemplo, podemos mitigar los efectos del aislamiento social mejorando el contacto con familiares y amigos mostrando sincero interés por sus circunstancias; cuidar nuestras reacciones en los momentos de tensión o desánimo, evitando episodios de comunicación negativa: esto es especialmente importante tener en cuenta cuando estamos pasando la convivencia del aislamiento con niños.

Muchas otras actividades, como juegos de mesa, cocinar (aprender o enseñar), hacer ejercicio adaptado al espacio de que se dispone, y tantas otras al gusto de cada uno, resultan enormemente beneficiosas para la salud mental. Disfrutar de espacios al aire libre, en la medida que nos sea posible, como balcones, jardines o azoteas, pasear al perro o, según las últimas noticias en España, poder pasear con un hijo menor durante una hora y con las limitaciones establecidas. Esto además aminorará el déficit de vitamina D que ya sufrimos por la falta de sol.

Anima a la gente.

Una estupenda manera de concentrarnos más en el bienestar personal es propiciar el de nuestra familia, el de las personas con las que compartimos este tiempo de aislamiento sanitario. Resulta muy oportuno establecer este comportamiento como una rutina diaria o, al menos, con una gran periodicidad. Las personas que salen a los balcones y ventanas a aplaudir a los sanitarios y otras personas que facilitan nuestra supervivencia, los que participan en foros y grupos virtuales de apoyo a los demás, se favorecen en su propio tránsito de superar las situaciones negativas del confinamiento.

Ten paciencia y un espíritu constructivo. Esto también pasará.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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