Psicología

Cómo evitar que el cáncer se apodere de tus emociones y de tu espíritu

Contrario a lo que muchas personas suelen creer, la depresión no es una debilidad de carácter ni un problema de falta de voluntad. Es una condición médica que según la OMS afecta a más de 350 millones personas en el mundo. Las estadísticas también señalan que la depresión mayor o severa es casi dos veces más común en mujeres que en hombres y en el caso de los pacientes con cáncer, se estima que este trastorno del ánimo afecta aproximadamente del 15% al 20% de quienes lo padecen.

Una persona que está encarando un diagnóstico de cáncer experimentará diferentes niveles de estrés y trastornos emocionales, por lo tanto, no es de extrañar que pueda estar vulnerable a sufrir de depresión. Este trastorno del ánimo no solo afecta al paciente, también a sus familiares, quienes se ven impactados negativamente por esta condición.

El miedo a morir, la interrupción de los planes de vida, los cambios en el cuerpo que por supuesto afectan la autoestima, los cambios en el estilo de vida y en el rol social, preocupaciones de índole financiero y legal, todos estos cambios son aspectos en la vida de una persona con cáncer que sin lugar a duda le roban la tranquilidad. Adicionalmente, la mujer que atraviesa un cáncer, especialmente si es madre, experimenta algún grado de culpa porque siente que en algún momento dejará abandonada a su familia.

La tristeza y el dolor son reacciones normales debido a la crisis que experimenta el paciente con cáncer. De hecho, todas las personas en algún momento de nuestras vidas experimentamos estas emociones. Sin embargo, aunque la tristeza es un sentimiento totalmente normal del ser humano, es importante distinguir entre un grado de tristeza normal y un episodio depresivo.

Los siguientes son algunos indicadores que pueden sugerir una intervención temprana:

  • Una historia de depresión.
  • No contar con el suficiente apoyo social o familiar, por ejemplo: una persona no casada, pocos amigos, un ambiente de trabajo con poco contacto social.
  • La persona ha caído en un círculo vicioso de pensamientos negativos y creencias irracionales en relación a su diagnóstico.
  • Un recrudecimiento temprano del cáncer.

¿Qué hacer?

  • Buscar ayuda de un psicoterapeuta, psicólogo o consejero. Se ha demostrado que una intervención oportuna de este tipo reduce los síntomas psicológicos, especialmente en las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama.
  • No aislarse. Seguir presente en sus rutinas diarias, en la medida de lo posible, para no sentir que ha perdido terreno ante la enfermedad en relación a sus roles sociales. Por ejemplo, seguir siendo esposa, madre, trabajadora, amiga y pariente.
  • La familia juega un rol muy importante. Actuar de manera franca y abierta, expresar los sentimientos de manera directa, mostrarse compasivos y afectuosos, enfocarse en las soluciones y no en el problema son actitudes que disminuyen el riesgo de depresión en el paciente.
  • No sobrestimar las reacciones emocionales ante la enfermedad. No dejar que el drama ni la autocompasión tomen el control. Aprender a manejar los sentimientos de desesperanza, impotencia, inutilidad y culpa, observándolos desde la distancia, entendiendo que detrás de toda crisis, enfermedad o circunstancia aparentemente desfavorable o negativa, siempre hay escondida una intención positiva que en ocasiones nos es difícil reconocer, pues el dolor nos ciega, pero que al hacerlo descubriremos una cara de la vida totalmente diferente y más humana. Las crisis son siempre una oportunidad para dejar salir lo mejor de cada uno de nosotros. Descubrir que tenemos un abanico de fortalezas y habilidades que nunca imaginamos poseer o que quizás subestimamos.
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