El pasado lunes, en su conferencia matutina, luego del doloroso rosario de noticias sobre el Coronavirus en nuestro país, el presidente López Obrador informó que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Conacyt, junto con una empresa francesa situada en Querétaro, a partir del próximo mayo comenzará la fábrica de unos quinientos ventiladores mecánicos por semana.

Esta fue, sin duda, una noticia alentadora no sólo para el ámbito académico, sino para todo el país, pues nos dice del vigor de nuestros institutos de ciencia y, por ende, de los hombres y mujeres que lo sustentan. Se trata del diseño de una nueva serie de instrumentos médicos que ayudarán a México y al mundo en la dura lucha contra esta terrible epidemia.

Por cierto, el sistema de estadísticas y mapas que cada día presenta la Secretaría de Salud respecto de los avances en la lucha contra el Covid 19 en México, los que muestran la tasa de afectados y se incluyen hasta los más pequeños poblados de nuestra geografía; ese sistema es también del Conacyt, y ha sido replicado en otros países por su exactitud y extensión.

A su vez, y aunque la noticia aún no se ha extendido, la Universidad Nacional Autónoma de México adelantó que en los próximos días presentará un nuevo sistema de pruebas de biosensor de alta exactitud para el Covid 19, una técnica que puede procesar hasta 43 muestras en dos horas a un costo de cerca de 300 pesos, por lo que se podrían hacer de manera masiva.

Como se puede ver, la ciencia y la tecnología mexicanas están comenzando a ser relevantes en la lucha contra la pandemia y todo apunta a que lo serán también en el futuro cercano, pues abren una gran puerta: la del reconocimiento oficial y público. Son dos noticias que contrastan con nuestro difícil panorama. Demos un voto a la esperanza, como dijera la poeta Zita Finol.

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