Nicolás Durán de la Sierra

Bajo el signo de la violencia

Al bienestar de Mario Villanueva

Diluida por la terrible información sobre la masacre de Playa del Carmen, donde los cárteles pelean por la plaza y luego por la del atentado al cuartel de policía de Cancún; opacada por esto, pasó casi inadvertida la muerte de un joven conductor de Uber que se estrellara el pasado domingo en una carretera próxima a Cancún al intentar esquivar a varios taxistas que lo querían golpear, disque por ser “competencia desleal”.

La muerte del joven de 22 años perseguido por taxistas de Isla Mujeres -lo que se tiene documentado en video- fue protestada por sus compañeros de labor en la glorieta de ‘El Ceviche’, en Cancún. Allí unos quince choferes exigieron la intervención del gobierno estatal para esclarecer lo sucedido y detener  los responsables, pero hasta el ahora no han tenido respuesta y de hecho, no esperan tenerla.

El fallecido se llamaba Hadad Isai Tec, y había dejado la seguridad de su trabajo como enfermero en un hospital de zona del Seguro Social para ganar unos cuantos pesos más como chofer privado. Deja esposa y un hijo. La Secretaría de Infraestructura y Transporte, la Sintra, al día siguiente del accidente se deslindó de lo ocurrido como si la instancia no respaldara la violencia de los taxistas hacia Uber.

Frente a lo noticioso de los incidentes de Cancún y Playa del Carmen; frente al estrepito de las balas y la silente sangre derramada, la muerte del joven que buscaba un mejor trabajo pudiera parecer menor, pero no es así y no solamente  porque toda vida es preciosa, sino porque tanto él como los baleados fueron víctimas de la barbarie rampante que se enseñorea en el opulento norte de Quintana Roo.

El signo de los últimos días en las dos ciudades fue el de la violencia y las diferencias entre los casos fueron de mero grado; en ambas se cosecharon los vientos de tormentosos sembrados antes. Desde hacía tiempo que ya no era noticia el auge del crimen organizado y el gobierno no quiso o no pudo frenarlo. Dejar impune la muerte del joven chofer es sembrar vientos de futuras tormentas.

II

El auge de este tipo de delincuencia, como era previsible, se reflejó también en el incremento en los índices de consumo de drogas en ambas localidades. Según la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA), en el 2014 Quintana Roo se ubicó entre los primeros lugares nacionales: marihuana 94.6% frente al 83.4% nacional; cocaína 44.7 % frente al 34.7 nacional y de crack 27.4 % frente al 19.6  nacional.

En lo que respecta a las llamadas “adicciones toleradas o permitidas”, el Estado también estuvo por encima de la media  nacional. La ingesta de bebidas alcohólicas alcanzó el 93.9% frente al 87.4% nacional y en lo que respecta al tabaquismo el índice fue del 96.4% frente al 83.5 en el resto del país. Los Centros de Integración Juvenil (CIJ) le dan la categoría de drogas a estas sustancias.

Según Lilián Negrete Estrella, titular del CIJ de Cancún, en esta ciudad turística el consumo de drogas se incrementó en cerca de un diez por ciento durante el año pasado, sobre todo entre mujeres y menores de edad. En 2015, se atendió a 680 pacientes que llegaron por primera vez a rehabilitación (57 por mes) en tanto que contabilizado sólo hasta octubre de 2016, habían recibido más de quinientos adictos.

En entrevista reciente hecha por el portal Notired con la directora del CIJ, ella reveló que “las drogas a las que tienen acceso (los jóvenes) están a las afueras de las universidades, ‘narco tienditas’, centros nocturnos e incluso a través de las redes sociales. Es más, basta solo un mensaje al vendedor por Facebook o por WhatsApp, y el producto llega con rapidez hasta el domicilio del adicto”.

“Lo mismo sucede en Playa del Carmen, donde conseguir drogas es tan fácil como pedirla a transportistas, meseros o prestadores de servicios turísticos. En el área de la Quinta Avenida y la Calle 12 (donde se dio la masacre) es conocida por sus bares, restaurantes y también por ser el lugar idóneo para adquirir todo tipo de drogas tanto para el consumo de turistas como de locales”.

Por otra parte, con información de la hoy Fiscalía General del Estado, antes Procuraduría de Justicia, del 2014 hasta el año pasado, Benito Juárez (Cancún) captó casi el 44 por cien de todas las detenciones por narcomenudeo en el Estado. Se ha aprehendido a mil 852 personas por posesión de drogas no de consumo, que se pretendían comercializar en al menos ocho municipios de Quintana Roo.

En lo que respecta a Playa del Carmen, donde la droga más vendida es la cocaína, el narcomenudeo es abastecido por al menos tres carteles: el Cártel del Golfo, “Los Pelones” y  el Cartel de Jalisco Nueva Generación. “La mayoría de los vendedores son vecinos de las colonias Luis Donaldo Colosio  y El Ejido y de ellas salen a distribuir a la zona turística; el mercado está peleado por “Los Pelones” y Cártel del Golfo”.

III

Pese al discurso oficial, resulta innegable la presencia y hasta la expansión de los cárteles en las dos ciudades y su evidente auge, como se dijo, es en buena parte resultado de la apatía o de la impotencia de las autoridades estales y federales, pues las municipales desde hace mucho son invisibles. Esto, claro, sin considerar las posibles complicidades entre las diversas policías y los grupos delincuenciales.

De hecho, según indicara hace unos cuantos días Denise Maerker por televisión, la Secretaría de Gobernación informó en su momento al otrora gobernador Roberto Borge Angulo y luego a Carlos Joaquín González, su sucesor, respecto de un repunte de violencia por el reacomodo de los cárteles por la llegada de nuevos grupos (de manera extraoficial se habla de “los Zs”) del crimen organizado.

Dentro de la lógica delincuencial, los sucesos de Playa del Carmen -el episodio más sangriento-, se explican como parte de la cada vez más abierta “guerra entre los cárteles” por el control de la plaza no sólo en lo que toca a la venta de drogas, sino también en lo que hace a la prostitución y los cobros por “derechos de piso” o la extorción a los empresarios. La ciudad  encabeza el listado nacional en la comisión de este delito.

Empero, en el brutal episodio vivido en Cancún esa lógica no parece ser aplicable o, por lo menos, no con la información de que se dispone y más aún luego de que Francisco López Mena, secretario de gobierno, dijera en una entrevista en la capital del país que la meta de quienes atacaron a la policía no era liberar a “Doña Lety”, la jefa del narcotráfico local que supuestamente había sido aprehendida.

Hasta ahora ni Miguel Ángel Pech Cen, el nuevo Fiscal General de Quintana Roo, ni Rodolfo del Ángel, el flamante secretario estatal de Seguridad Pública, han podido explicar siquiera con una mediana claridad por qué una treintena de malhechores montados en motocicletas y algunos hasta con armas hechizas, según fotografías, tuvieron la suicida osadía de atacar el cuartel policiaco.

Por lo pronto, elementos de la Policía Federal llegaron a Cancún y Playa del Carmen y con sus rondines y armas contribuyen al sosiego ciudadano, un sosiego que se perdió asimismo como resultado del uso irracional de las redes sociales que, acaso de manera interesada –los narcos usan internet-, ampliaron y propagaron el miedo con información falsa y alarmista. El miedo es arma poderosa y lo saben.

Sin embargo, la amenaza de la violencia asociada con el narcotráfico continúa vigente y dijérase que la Hidra, por el momento, apenas si asomó la cabeza, pues las causas que le dan sustento –de entrada, la venta multimillonaria de drogas a nacionales y extranjeros y lo que dejan los negocios sucios- siguen también vigentes. Se trató, por desgracia, apenas del repunte de un conflicto esperado.

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Nicolás Durán de la Sierra

Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.
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