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Andy Murray: El irremediable adiós del tenista que enamoró al mundo

Los problemas de cadera frustran la carrera del escocés. Doble campeón de Wimbledon y doble oro olímpico, ganó el US Open y la Copa Davis, además de encabezar el ránking durante 41 semanas.

El hombre que asumió impertérrito suceder a Fred Perry como el primer británico en ganar el torneo de Wimbledon, tras vencer a Novak Djokovic en la final de 2013; el mismo que, un año antes, en el mismo escenario, se había colgado el oro olímpico al derrotar a Roger Federer en otro alarde de sobriedad gestual en el epílogo, el viernes, en Melbourne, se llevó las manos al rostro, sacudido por el llanto, al anunciar en conferencia de prensa que pone fin a su carrera.

He estado sufriendo durante un tiempo largo, un total de 20 meses. He intentado hacer todo lo posible, pero el dolor no ha cesado”, comentó Andy Murray.

Melbourne puede ser la última estación de 14 años de brillante trayectoria, aunque el sueño del jugador escocés, que el 15 de mayo cumplirá 32 años, sería despedirse en Wimbledon, torneo que también ganó en 2016. Murray, un ejemplo de tenacidad, no ha logrado recuperarse de la operación de cadera a la que se sometió en enero de 2018. Cada uno de sus intentos de mantenerse regularmente en la competición, desde el último Queen’s, donde reapareció para plantar cara a Nick Kyrgios en un apasionante partido, hasta la reciente derrota en la segunda ronda de Brisbane contra Daniil Medvedev, ha sido la cruel constatación de que su cuerpo ya no daba más de sí.

Integrante del ‘big four’

Se va uno de los grandes protagonistas del circuito, integrante de lo que se vino en llamar el  big four. Aun muy lejos de conformar una hoja de servicios a la altura de la de Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic, mereció ser considerado en el selecto grupo de quienes dominaron la competición desde los primeros años del milenio gracias a su indiscutible pujanza en la élite y a su valor para hacerles frente.

También campeón del Abierto de Estados Unidos, el primero de sus majors, en 2012, revalidó el oro en los Juegos de Río 2016 y estuvo 41 semanas como número 1. Cuenta con un total de 45 títulos, entre los que figuran la Copa Davis (2015), la Copa Masters de 2016 y 14 Masters 1000. Murray es el primero obligado a ver caer la hoja roja en una generación que resiste a dejar el poder. «Felicitaciones @andy_murray por tus logros de todos estos años. Fue un placer jugar ante ti estos años. ¡Buena suerte con todo!», le despidió Rafael Nadal a través de Twitter. «Es duro para mí, porque somos de la misma generación. Es triste ver todo lo que ha pasado estos dos últimos años», dijo Djokovic ante los medios.

Trabajador infatigable, siempre dispuesto a crecer, Murray llegó incluso a disputar en 2016 la final de Roland Garros. No fue la arcilla su mejor superficie, pese a entrenar en la Academia Sánchez Casal en los inicios de su carrera y contar más adelante con Alex Corretja como entrenador.

El heredero de Fred Perry

Sobre su espalda cayó la responsabilidad histórica de devolver honores al Reino Unido en Wimbledon, peso insoportable para algunos de quienes le precedieron, como Tim Henman. Consiguió el primer título después de siete participaciones, sin sucumbir a la frustración de perder tres semifinales consecutivas contra Nadal y una final ante Federer. Fred Perry, que ganó el último de sus tres títulos en 1936, ya tenía heredero. Murray se desembarazó de un tremendo equipaje, pero, superada la lógica fase de implosión, volvió al combate. Aún le quedaba mucho por decir, con el hándicap de un tenis muy físico que le hizo pagar su peaje en el arcén de la cancha. Por delante, un 2016 que culminaría alcanzando por primera vez el número 1 del mundo, en el Masters 1000 de Paris-Bercy.

El logro, de por sí extraordinario, llevaba el mérito agregado de terminar con otra etapa arrolladora de Djokovic, quien había sumado cinco de sus 14 grandes entre 2015 y 2016, erigiéndose en un tenista casi inabordable. En la Copa Masters, ante los suyos, Murray cerró la temporada llevándose el torneo, con Nole como última víctima.

En 2017, ya golpeado por los irresolubles problemas de cadera, navegó como pudo hasta cuartos de Wimbledon, cayendo en cinco sets ante Sam Querrey. Nunca más pudo competir con garantías. Casado con Kim Sears, pronto dispondrá de todo el tiempo para ver crecer a sus hijas, Sophia y Edie.

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