Psicología

Algunas formas de sobrellevar las heridas difíciles de sanar

Hay quien acude a mi consulta después de un tiempo, a veces mucho, con frecuencia años, de estar batallando contra la desesperación, escribir diarios, hacer ejercicio, controlar dietas y leer una montaña de autoayuda. Y pese a todo ese esfuerzo, apenas se han movido un milímetro del epicentro de su sufrimiento en todo ese tiempo.

Y es que hay algunas heridas que siempre serán parte de nosotros, de nuestra historia personal, aunque no tienen porque formar parte de nuestro presente. El problema de esas heridas que “no se curan”, es que rara vez se habla de ellas abiertamente. Con frecuencia, incluso, se niegan o las llenamos de tópicos vacíos para ocultarlas en las sombras de la inacción. Tales razonamientos, en nuestro mundo centrado en soluciones rápidas: “Mirar el lado bueno” “Todo sucede por una razón” “Mañana será un día mejor”, solo sirven para trivializar y no reconocer el problema. Promesas vacías de optimismo imprudente.

La realidad es que, aunque hay heridas que siempre nos acompañarán, está en nuestras manos enfrentarnos a los desafíos que nos presentan. Y existen maneras efectivas de afrontar ese dolor. Pero, antes de que te explique al menos tres maneras para hacerlo, consideremos algunas de las heridas más comunes que suelen viajar con nosotros en nuestro tiempo de vida. 

  • La muerte de alguien querido puede convertirse en un duelo complicado. Es un dolor profundo con el que es difícil de convivir, particularmente cuando se trata de una pérdida súbita y/o de un menor, que destroza nuestra sensación de seguridad.
  • Las adicciones y las dependencias (incluida la emocional) son aflicciones especialmente crueles. Las personas viven una realidad llena de frustraciones y mentiras. Las recaídas producen que las esperanzas de superación de esta adversidad sea de corta duración. La adicción, para quien la padece o para sus familiares y allegados es un dolor verdaderamente desgarrador.
  • La enfermedad crónica es una de las situaciones más limitantes y que se prolongan en el tiempo con una sensación habitual de importancia. El cáncer, las enfermedades del corazón, diabetes, accidentes cerebrovasculares, fibromialgia, y otras tantas, incluidas algunas de carácter psicosomático, como la hipocondría, nos producen un sinvivir agotador. En el mismo rango de afectación de la vida cotidiana incluimos las distintas enfermedades mentales. En este caso, la particularidad sobre la prevalencia de estos trastornos a lo largo de la vida de una persona está muy relacionado con el abandono de los tratamientos.
  • Los traumas dejan huellas muy profundas que se prolongan en el tiempo. En ocasiones desde la infancia hasta la vejez. Cuando se activa un trauma, el tiempo y el espacio se detienen y nos encontramos atrapados en un sentimiento de terror que evoca el momento en que se produjo el acontecimiento traumático.
  • La traición, la deslealtad, la infidelidad de alguien cercano produce una herida profunda muy difícil de superar. El miedo a salir lastimado por esta situación hace que la persona opte por aislarse o alejarse del mundo. La traición no solo te hace dudar de los demás; te hace dudar de ti mismo también.

Tres estrategias para afrontar las heridas que “no se curan”

Las heridas que no sanan no tienen por qué definirte. De hecho, cuando se manejan bien, sirven para profundizar su humanidad y fomentar una mayor empatía y conexión con los demás. Las heridas pueden recordarte que la vida es frágil, pero también pueden que la vida es preciosa: muchos pacientes han informado que esas heridas los han inspirado a vivir el momento y apreciar más la vida.

Nadie está exento de estas heridas. Eventualmente, aparecen en nuestras vidas. Para contrarrestar esta realidad, conviene, al menos, poner en práctica tres estrategias de afrontamiento de una situación personal que puede producirnos en malestar psicológico prolongado en el tiempo. Veámoslas:

  • Convertir nuestro dolor en una acción propositiva de esperanza.

En las terapias grupales contra las adicciones. En las reuniones de afectados por enfermedades y trastornos, en las intervenciones psicológicas postraumáticas y en los apoyos psicosociales, las personas comprenden el valor y la dimensión de la asertividad y de la empatía. Tomar la decisión de convertir tu dolor en una misión de esperanza hacia aquellos que padecen como tú. Mantener un pensamiento proactivo, constructivo, y una actitud de colaboración, te hace descubrir que ayudando a los demás no solo facilitas el bienestar y la curación de ellos, sino también la mejora de tu dolencia.

  • Evitar el aislamiento y practicar la meditación.

Meditar en una de las mejores medidas que podemos utilizar contra el abatimiento. Es una manera bastante sencilla de reducir el estrés. Alcanzar un nivel de paz interior sostenible es el mejor camino para evitar los fantasmas del aislamiento: el victimismo, el desánimo y los sentimientos de culpabilidad. Meditar es un acto terapéutico de enorme valor, puede producir un estado de relajamiento profundo y una mente tranquila. Favorece la reestructuración cognitiva, es decir, el cambio de pensamientos distorsionados, dramáticos, ofuscados y sin solución de salida, por otros más positivos y útiles para afrontar nuestro día a día.

  • Sigue creciendo, no te queda otra.

Siempre nos lamentaremos, no tenemos que avergonzarnos de ello. Pero, de la misma manera, siempre sabremos que lamentarnos no sirve para casi nada. Por eso es tan importante aceptar lo que nos pasa. No es fácil. A veces cuesta horrores. En estos casos, pedir ayuda, es la mejor idea, la decisión más acertada. Seguir creciendo como persona nos ahuyenta las neurosis. Practicar el cuidado personal y expandiéndonos hacia el exterior de manera creativa y social, es una de las mejores maneras de menguar el impacto emocional negativo de los problemas de salud, en general.

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