México

A 2 años del Sismo ¿Estamos preparados para un nuevo temblor?

Aunque el temblor de septiembre de 2017 reafirmó la unidad de los mexicanos, evidenció la respuesta lenta de las autoridades y el paso del tiempo en las construcciones, dice José Antonio López Meza.

Se cumplen dos años del último gran evento sísmico que afectó a la Ciudad de México. Un fenómeno natural que desnudó todas las debilidades de esta metrópoli, y a su vez reafirmó la unidad y la solidaridad del pueblo mexicano.

La respuesta a la interrogante sobre si estamos preparados ante un nuevo temblor es que no estamos preparados, desconocemos la magnitud del problema aun a pesar de las vivencias, y eso nos impide reaccionar.

Las razones de mi respuesta las divido en técnicas y político-sociales.

Desde el punto de vista técnico, el sismo del 19 de septiembre de 2017 exhibió la realidad de las construcciones que habitamos en la CDMX. Construcciones en promedio con 40 a 50 años de antigüedad, diseñadas y/o construidas durante la vigencia de reglamentos que en su momento ignoraban la magnitud del peligro sísmico al que está expuesta la capital construida sobre una zona lacustre.

A razón de sismos más intensos, los reglamentos fueron actualizándose, incluyendo nuevos criterios de diseño e incrementando las fuerzas sísmicas que deben resistir las construcciones.

La última actualización se publicó el 17 de diciembre de 2017 mediante las normas técnicas complementarias. No obstante, el problema técnico no recae en la publicación de nuevas normas y reglamentos de diseño, sino en los profesionales que deben aplicarlos. Hay una falta de actualización profesional en los encargados de los diseños estructurales, los cuales muchos no comprenden el comportamiento dinámico y sísmico de los edificios, del suelo de la CDMX y sobre todo el desempeño de edificios dañados en sismos previos, la acumulación de daño es un tema que no se aborda.

Lo anterior se ha traducido en proyectos de rehabilitación o bien, en proyectos estructurales para edificios nuevos con deficiencias que lamentablemente observaremos en sismos futuros.

Al respecto es importante que la ciudadanía conozca los alcances de las normas técnicas para diseño por sismo de la CDMX empleadas en proyectos de rehabilitación o construcción, las cuales establecen que bajo sismos que pueden presentarse varias veces durante la vida de la estructura, se tengan, a lo más, daños que no conduzcan a la interrupción de la ocupación del edificio; es decir, los sismos frecuentes de baja intensidad no deben obligar a desalojar nuestros inmuebles.

Las normas también establecen que bajo el sismo en que se basa la revisión de la seguridad contra colapso, no ocurran fallas estructurales mayores ni pérdidas de vidas, aunque pueden presentarse daños y/o deformaciones residuales de consideración que lleguen a afectar el funcionamiento del edificio y requerir reparaciones importantes. Lo anterior consiste en que ante el máximo evento sísmico considerado en las normas, los inmuebles pueden presentar daño estructural sin comprometer su estabilidad.

Como podemos analizar, el cumplimiento de la norma no garantiza que los inmuebles nuevos puedan estar libres de daño. Entonces, el problema es aún mayor, si mi edificio fue diseñado con un reglamento anterior, el riesgo se incrementa.

Si mi proyectista no respeta el reglamento vigente, por falta de comprensión, por una práctica poco ética dados los bajos costos por proyecto, por plazos de entrega comprometidos, con estudios incompletos, el riesgo aún es mayor. A esto, se suma que se sigue estructurando edificios de manera deficiente como hace décadas, y las fallas exhibidas por los sismos de 1985 se presentaron en 2017 y podrían volver a aparecer.

Como ciudadanos, tal cual lo hacemos para nuestra salud, nuestro vehículo, debemos consultar con Ingenieros civiles especialistas en estructuras para que monitoreen, y nos den certeza del estado en el que se encuentra nuestro patrimonio, lo que representa una inversión que puede evitar muchos problemas a futuro.

Respecto a los aspectos políticos y sociales, podemos decir que el sismo de 2017 no sólo exhibió las carencias técnicas y el paso del tiempo en las construcciones; también mostró la falta de políticas públicas: la respuesta fue insuficiente, lenta, y pudimos darnos cuenta que la Ciudad de México no estaba preparada para responder ante el caos.

Al principio la solidaridad de los mexicanos no permitió a la ciudad caer, pero pasado el tiempo e iniciando el proceso de reconstrucción, la tragedia busca responsables y soluciones, la autoridad es rebasada, los daños son tan elevados y los damnificados deambulan de oficina en oficina implorando ayuda, visitando el INVI, SEDUVI, ISC, Protección Civil, PROSOC, PAOT y nadie les da una respuesta clara.

La administración de la Doctora Claudia Sheinbaum tuvo el tiempo de analizar las fallas de la administración pasada y plantear un plan de atención a los damnificados, se publicaron lineamientos, y se estableció un solo ente para la solución: la Comisión para la Reconstrucción. No obstante, esto sólo atiende el tema de recuperar los inmuebles dañados o colapsados. ¿Pero que pasa con los edificios que no sufrieron daño importante?, que fueron catalogados en verde, o ni siquiera fueron inspeccionados, ya que sus fisuras fueron despreciadas y resanadas de inmediato. La respuesta es que no sucede nada, ni los propios propietarios se preocupan por sus inmuebles, tampoco han trabajado en planes de protección civil internos que establezcan las acciones a seguir durante y después de un sismo, o de la activación de la alerta sísmica. Ni siquiera se preocupan en buscar las zonas menos vulnerables de sus edificios.

La autoridad no ha encontrado la manera de mejorar la resiliencia en la Ciudad. Actualmente, SEDUVI frenó los proyectos de construcción en la CDMX buscando atacar a la corrupción inmobiliaria que aplasta y pudre la calidad de vida de todos, encareciendo las propiedades que lejos están de tener una buena seguridad acorde a su costo, con violaciones fragantes a las leyes. Fuera de ello, no se trabaja a largo plazo, no se entienden los riesgos a los que está expuesta la ciudad, no hay atlas de riesgo por Alcaldía y el publicado por la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil es insuficiente.

Se está conformando el Instituto de la Planeación de la CDMX pero aún hay vacíos en su estructura y debe integrarse para poder construir la ciudad que necesitamos al menos por los próximos 20 años, en los ámbitos económico, social, con ordenamiento territorial y con sistemas de información que permitan la consulta y transparencia de todo lo que sucede en la ciudad.

Volviendo al tema de respuesta, tampoco hay un padrón de especialistas en evaluación de daño estructural que salgan a las calles tan pronto vuelva a temblar. La lista de Directores Responsables de Obra (DRO) y Corresponsables en Seguridad Estructural (CSE) es insuficiente y ya mostraron los DRO su incapacidad de dar respuesta correcta a las fallas de inmuebles.

Se necesita establecer una convocatoria de ingenieros civiles con la preparación adecuada, que con buena coordinación, puedan repartirse a lo largo de las diferentes zonas que pueden verse afectadas en un nuevo sismo.

Debemos como Sociedad solicitar y trabajar activamente en simulacros continuos hasta poder estar seguros de que estamos listos para responder ante la emergencia. Es entrenamiento y depende de nosotros mismos.

Un simulacro el 19 de septiembre de cada año es insuficiente y poco beneficio aporta, al contrario, los pensamientos se centran en la mayoría de los casos en tristeza, dolor, temor y en muchos otros al juego.

Es vital poner en regla la situación legal y notarial de las propiedades, aprovechar las facilidades que pueda brindar la autoridad en dicho tema y cumplir con los requerimientos que marca la Procuraduría Social de la CDMX.

Con pequeñas acciones podemos estar más conscientes de nuestra realidad y después pensar en conocer la salud de nuestras viviendas y lo mejor, buscar contratar un seguro por desastres naturales, los cuales nos pueden ayudar a solventar las fallas producto de un nuevo temblor.

La misión de todos en la CDMX es evitar repetir la historia de 1985 y 2017. La información está disponible en la red, en reportes por parte de Universidades e instituciones académicas, medios de comunicación de prestigio, aportaciones de especialistas técnicos, y la labor de colectivos ciudadanos, por tanto, no hay pretexto para no saber actuar y responder mejor. Hace dos años se mostró que no aprendimos las lecciones de 1985, es momento de hacer conciencia y prepararnos porque volverá a temblar y será más fuerte.

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