Psicología

Tu dolor me supera

La empatía es uno de los conceptos más estudiados por la neurociencia cognitiva durante los últimos años.

Cuando yo doy, me doy a mí mismo.” Walt Whitman

La empatía es una cualidad que nos permite experimentar las emociones de otras personas como si fuesen casi las nuestras propias.  Es un valor educativo capaz de potenciar las relaciones con los demás. Todos (o casi todos) nos esforzamos por comprender la situación de otros, y hasta en la medida de nuestras posibilidades ayudarles ante la adversidad.

La empatía es uno de los conceptos más estudiados por la neurociencia cognitiva durante los últimos años. La principal conclusión: la empatía, como todo, es diversa. En ocasiones buscamos comprender, desde una óptica mental, lo que hace y padece el otro, las causas por las que sufre por algo o por alguien. En otras ocasiones lo que nos ocurre es que experimentamos sentimientos parecidos que nos vinculan con la circunstancia que vive una determinada persona o grupo de personas; en este caso hablamos de empatía emocional. Mientras que la primera forma de empatizar con alguien es tomar perspectiva del problema que sea, la empatía emocional puede, en un determinado momento generarnos preocupación empática. Aunque ambas dimensiones suelen combinarse, nos detenemos un momento en esta última.

La preocupación empática es una preocupación con implicaciones psicológicas auténticas, tanto en el campo personal, sentimental o profesional. Como podemos sentir de manera similar a otra persona, como podemos crearnos una representación muy clara de los sentimientos ajenos, como podemos, incluso, sufrir por empatía; como todo eso es ciertamente posible y además son respuestas nuestras hacia nosotros mismos que nos facilitan vernos en la realidad del otro y nos permite “dar algunos pasos con sus zapatos”, la preocupación empática no está exenta de riesgos, si entra en una deriva que no controlamos.

Si, entrar en la percepción del mundo privado de otra persona, puede no ser inofensivo para nosotros. Cuando no podemos superar el dolor de otra persona, cuando no solo no podemos aliviarle, sino que, además, nos encontramos con problemas para gestionar nuestro propio sufrimiento, nos podemos estar situando al borde de lo que en psicología se conoce como síndrome de desgaste por empatía. O en dos palabras; estrés y fatiga asociada con el “coste de cuidar” a otros que padecen sufrimiento emocional. No se trata, quede claro, de un contagio emocional, aunque los humanos estamos bastante programados para contagiarnos emocionalmente (párate un momento a pensar cómo sientes y cuanto te dura ese sentimiento de tristeza que se te aloja en el estómago, cuando conoces una historia triste de alguien próximo y afín). Se trata de victimizarnos, de padecer conflictos cognitivos asociados a nuestro sistema moral y de valores.

El síndrome de desgaste por empatía, también conocido como fatiga por compasión, es equivalente al Estrés Postraumático, por lo que disponer de estrategias psicológicas que nos permitan la reparación emocional es imprescindible. Créeme, en personas que en su trabajo se relacionan con el sufrimiento humano (personal de rescate, médicos, etc.) y en las familias y amigos de la persona que sufre el apoyo psicológico “hace milagros”.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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