Julián Puente

Trabajo infantil lejos de ser un tema de agenda

PUNTO EXACTO

Desde hace muchos años en Quintana Roo así como en otras entidades del país se ha venido prometiendo aplicar estrategias más severas en el sentido de erradicar el trabajo infantil, sobre todo en labores peligrosas y de extrema inhumanizacion como es el corte de la caña de azúcar o vender dulces en las principales vías de las grandes ciudades sin protección alguna más que la luz de luna. El trabajo infantil es una terrible e invisibilizada realidad aquí y en china. La imagen de los niños y niñas explotadas a niveles de la esclavitud en países de África y Asia hacen ver que el problema en México es de un nivel menor y casi anecdótico, lo cual es un grave error. El trabajo infantil es un problema cultural que viene desde hace mucho tiempo. Las familias, como parte de su tradición, hacen que sus hijos ayuden en sus casas. También influyen los factores de la pobreza, el éxodo rural, la desintegración familiar, el abandono, el desempleo o la pérdida de cosechas.

El término “trabajo infantil”, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se define como todo trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. es decir, que atente contra su desarrollo integral, que sea peligroso o prejudicial para el bienestar físico, mental o moral, interfiera en su educación y su bienestar social y cultural. En México, actualmente existen alrededor de 3 millones niños y adolescentes que se encuentran en esta situación. Los polos turísticos son en donde mayor riesgo pueden tener esos menores que deambulan muchas de las veces en calles céntricas, playas y balnearios pidiendo una moneda o de plano vendiendo toda clase de dulces, cigarros y me atrevería a señalar que hasta sustancias prohibidas, claro está en muchas ocasiones obligados por sus padres o bajo algún tipo de amanezca del crimen organizado.

Exponer a niñez y adolescencia a diversas formas de trabajo infantil es ponerlas en riesgo de hacerlas víctimas de explotación, esclavitud y trata de personas, fenómenos delictivos para los que no debe existir tolerancia social ni omisión de las autoridades. Las nuevas autoridades federales tienen un gran reto y no estamos hablando de infraestructura que puede reemplazarla el dinero, estamos hablando de vidas humanas, de niños que necesitan mecanismos reales de protección, mecanismos que los tengan en un aula de clases y no en la calle, mecanismos que los tenga teniendo una vida feliz y plena ya no una vida llena de abusos de todo tipo orillándolos en muchas ocasiones al suicidio. Se hace necesario un debate público sobre el trabajo infantil que abarque ciertas aristas tales como su conceptualización, el hecho de si se permitirán ciertas actividades laborales de niños y niñas y, de ser afirmativa dicha cuestión, responder bajo qué requisitos y medidas de protección sería permisible, además de considerar qué sucede con los ingresos generados por dichos niños o niñas s en el desarrollo de su actividad.

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