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Tim Don: Una tortura medieval para poder seguir corriendo

El británico Tim Don, plusmarquista mundial de Ironman sufrió un accidente en octubre de 2017 y se rompió una vértebra. Le ofrecieron operarse, pero eso terminaría con su carrera. Pidió otra solución. Y acabó con el halo, "una tortura".

De repente, stop. Una vida en movimiento se acabó. Debía parar.

El 11 de octubre de 2017, a tres días del Mundial de Ironman de Hawai, un coche giró brusco para entrar en una gasolinera de Kona y se llevó por delante al británico Tim Don, el plusmarquista de la distancia, que preparaba en bici la prueba. La fractura del ahorcado: se rompió la segunda vértebra cervical, justo detrás de los dientes. La rapidez de una ambulancia impidió que se ahogara y, por suerte, no sufrió ninguna complicación en las primeras horas, pero quedaban las consecuencias a largo plazo. Tenía que operarse para fijar la vértebra rota y perdería movilidad en el cuello para siempre. Su carrera deportiva terminaba.

«¿No hay otra opción?», preguntó.

Y sí, sí, la había.

El halo.

«El halo es un dispositivo de tortura medieval. Es una experiencia terrible, pero es la mejor opción si se quiere una recuperación completa sin limitaciones a largo plazo. Básicamente consiste en clavar cuatro clavos de titanio en la cabeza del paciente, dos en la frente y dos en la parte trasera, unirlas con una circunferencia y colocar dos barras de metal para formar un busto. Hay que llevarlo unos tres meses. Es muy doloroso. Pero funciona», explica el médico de Don en el documental que ya preparan: The Man with the Halo, dirigido por Andrew Hinton, ganador de un premio Emmy.

Durante esos tres meses Don vomitó de dolor, vio cómo su frente supuraba y no durmió más de 90 minutos seguidos -siempre en una silla-.

Pero volvió a entrenar. Hijo de un árbitro de la Premier, de niño había hecho atletismo con Mo Farah, fue tres veces olímpico en triatlón entre 2000 y 2008 -con un décimo puesto como mejor resultado- y, tras su paso al Ironman, el año pasado consiguió el récord mundial. En Brasil, completó los 3,86 kilómetros nadando, los 180 en bici y los 42,2 corriendo en sólo siete horas, 40 minutos y 23 segundos. Ni un accidente podía pararle. Con el halo puesto, trabajó el tronco inferior en el gimnasio «como nunca» y, sin poder levantarse para no sobrecargar el cuello, incluso hizo rodillo. Ahora, ya liberado de «la tortura», quiere regresar al Mundial de Hawai, donde se podría encontrarse con un debutante Javier Gómez Noya. En la natación aún no puede girar el cuello lo suficiente como para respirar y todavía necesita un tubo, pero todo se andará.

«No sé si todo esto dará resultado. Sólo quería darme otra oportunidad porque sabía que podía ser más rápido. Todo el mundo va intentar batir mi récord del mundo y yo no quiero. Quiero ser el mejor de los mejores, sin importar lo que ocurra, y haré todo lo que se necesite para lograrlo», proclamaba Don en el New York Times.

Otra vez, paso. Su vida en movimiento continúa. Es imparable.

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