Psicología

Sin venir a cuento

A vueltas con los cambios de humor

“Las personas cambian y generalmente se olvidan de comunicar dicho cambio a los demás” Lillian Hellman.

¡Está como el tiempo, inestable! ¡Nunca se sabe con qué pie se va a levantar! ¡Lo primero es mirar su cara para ver qué día tiene! Son, entre otras tantas, frases con las que etiquetamos a personas que consideramos de humor inestable, de humor cambiante.

Los cambios de humor son un vaivén de emociones repentinas, distintas y que, habitualmente, entran en contradicción. Y es que las emociones son reacciones subjetivas, llenas de atajos afectivos con capacidad para cambiar nuestro estado de ánimo rápidamente. Así que, en realidad, amigo lector, de los cambios de humor ninguno nos salvamos.

A cualquiera de nosotros, un día cualquiera, cuando todo parece estar tranquilo y nos sentimos bien, un pensamiento aparentemente intrascendente – probablemente cargado de algún tipo de evitación de la que no somos conscientes, al menos plenamente – nos cambia el humor y nos hace sentir mal el resto del día. En un segundo estamos tristes. Pero también nos puede suceder al revés y en lo que parpadeamos tres veces nos invade una alegría. Sí, esto también pasa, aunque los humanos tenemos carencia al melodrama.

Los cambios de humor tienen numerosas causas, no siempre fáciles de determinar. En ocasiones un particular estado de ánimo lo podemos asociar a factores concretos, y en otras resulta casi imposible establecer algún motivo que justifique los altibajos emocionales. Los periodos de inestabilidad, con cambios hormonales, psicológicos y psicosociales son los más propensos a la aparición repentina y repetida de este fenómeno. La menopausia, los trastornos de la conducta alimentaria o las situaciones de inestabilidad emocional y afectiva, son, entre otras, causas concretas capaces de producir esta oscilación del ánimo. Cabe destacar aquí que los cambios de humor inesperados y tantas veces insospechados, tienen mucho que ver con patrones de variaciones emocionales en el entorno familiar.

Para quien vive o convive con el humor cambiante, la adaptación a la realidad le sale cara. Los conflictos consigo mismo y con el desconcierto de quienes le rodean le generan una importante inestabilidad social y sentimental. Las dificultades para filtrar y depurar emociones, y especialmente para relativizarlas, convierten a los cambios de humor en una manera de funcionar. Sí, como lo lees.

Sin venir a cuento, se manifiestan conductas que, a través de la fluctuación de las manifestaciones emocionales, ejercen  control o una intención de manejar el entorno y a quienes se mueven dentro de él. Los cambios de opinión resultan desconcertantes para todos, incluida la persona a quien le cambia el ánimo de repente. La hipersensibilidad se convierte en una forma de relación. La irritabilidad a flor de piel. La precipitación lo cambia todo sin venir a cuento.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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