Psicología

Sentimiento de inferioridad, o de porqué nos hacemos más pequeños

Los sentimientos de inferioridad son un problema de percepción, de la construcción de un pensamiento irracional o una idea distorsionada sobre nosotros mismos.

“Nunca dejes que tus miedos ocupen el lugar de tus sueños”

Si fuéramos piloto de avión; si accionásemos el piloto automático para volar en círculos, no dejaríamos de dar vueltas hasta que, acabado el combustible, nos precipitásemos hasta estrellarnos mortalmente contra el suelo. Metafóricamente, pasa algo similar con nuestros pensamientos cuando nos invaden los sentimientos de inferioridad.

Decía Eleanor Roosevelt : “Nadie puede hacernos sentir inferiores sin nuestro consentimiento”, efectivamente, nadie, salvo nosotros mismos. Los pensamientos negativos con los que nos comparamos y medimos con los demás, son el detonante de sentimientos y complejos de minusvalía.  Creer “no dar la talla”, pensar “no estar a la altura de las circunstancias” autoimponernos “no tener la habilidad necesaria”, son algunos pensamientos recurrentes y majaderos capaces de inducier a problemas y desordenes psicológicos sobre nuestra autoestima y sobre la estructura básicamente necesaria de nuestra identidad.

Los sentimientos de inferioridad son un problema de percepción, de la construcción de un pensamiento irracional o una idea distorsionada sobre nosotros mismos. No se trata de una aprehensión por estar pasando un mal momento o un vaivén de la autoestima. El complejo de inferioridad es un fenómeno capaz de incapacitar. Con frecuencia tiene origen en la “metástasis” de los fracasos mal digeridos. Es una fuente de gran sufrimiento porque actuamos aceptando esa idea como cierta.

Quien se cree convencida e inconscientemente una persona más inútil, indefensa, poco valiosa y más pequeña, se compara permanentemente con los demás desde una actitud circular de indefensión y victimismo que, en más de una ocasión, le lleva a actuar de una forma desesperada. Así, los afectados por complejo de inferioridad, vienen y van con la pobre opinión de sí mismo, afanados en reafirmarse ante los demás con su necesidad  patológica de aprobación, con estrepitosos fracasos por precipitación, o no atreviéndose a nada, dándose por derrotados antes de dar ni un solo paso.

Pero…

¿Qué tanto de todo eso es verdad? ¿Cómo puede instalarse ese pensamiento en una persona?

Tener un complejo de inferioridad es como tener en la cabeza un reproductor de sonidos (los de la época del vinilo diríamos disco rayado), repitiendo una vez tras otra los mismos pensamientos empequeñecidos, subestimados.  A veces se arrastran desde la infancia y a veces aparecen de las dificultades de adaptación. Pero lo que más calcifica el pensamiento de inferioridad que origina el complejo, es la resignación. La persona se impide hacer o deshacer, cambiar o reaccionar contra esos pensamientos porque está convencida de que no puede hacer nada para conseguirlo, para tener éxito en estar a la altura de los demás o de las circunstancias.

El complejo de inferioridad tiene un carácter marcado y duradero. En sus grados más incapacitantes, suele requerir ayuda profesional. En estos casos la intervención más efectiva actualmente consiste en seguir una terapia cognitiva-conductual.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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