Recuento de los  Daños

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Nicolás Lizama

Las opiniones van y vienen.

Unos dicen que el mentecato fue el ex-gobernador, otros juran que fue el ex-alcalde.

Unos exigen que le den una patada en el trasero al ex-presidente municipal y lo manden a casita, mientras otros piden a gritos se le fabrique una estatua de bronce, ipso facto, estilo Rocky Balboa, y se coloque en la entrada de Chetumal, en vez del monumento al Mestizaje.

La asociación de guapitos y afines (una agrupación muy poderosa, por cierto, en nuestro medio) -esos que apenas culminada la zacapela mandaron traer un suculento y jugoso bistec desde Sonora para colocarle en el ojo averiado- amenazan con marchar completamente encuerados por toda la avenida de los Héroes si no se repara minuciosamente el rostro mancillado del ex-jefe del ejecutivo.

Los románticos e ilusos, esos que todavía piensan que la luna es de queso, le exigen a ambos presentarse en público, agarrarse de la mano y darse un sonoro beso y un abrazo.

Los ilusos, los que no saben cómo se mueven esta$ co$a$, siguen esperando, en una de esas ver a través del “feisbuk” el video de la trifulca.

Los que aprovechan cualquier cosa para amolar al prójimo, ya le están echando la culpa a los periodistas -¡snif, no se vale!-de alinearse muy convenencieros para uno u otro bando, cosa que, OJO, NO sucede, NO ha sucedido, NI sucederá jamás (no se rían)…

¡Carambas!

Todo lo que provocan dos bravucones, una bofetada y dos trompadas.

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