Psicología

Procuro olvidarte

El perdón, a diferencia del olvido, es posible alcanzarlo a través de conductas conscientes que nos facilita encontrar otras salidas. Perdón no es olvido, pero ayuda a olvidar.

Cuando alguien te dice que no quiere estar en tu vida, la única manera de conseguirlo es que no esté en la tuya.” Blas Ramón.

En las relaciones humanas siempre hay quien nos lastima y hay a quien lastimamos. Probablemente ningún de los que en este momento leen este artículo se habrá librado de un desencuentro, de una decepción o de una ruptura amorosa. Posiblemente nos habrá tocado perdonar y  olvidar.

El perdón nos libera de continuar siendo prisionero de los rencores, las incertidumbres y las ofensas recibidas. Perdonamos cuando comprendemos que no se trata de algo que damos a otros, sino a nosotros mismos; nos permite echar fuera esa sensación de desdicha que mal juega con nuestras emociones y arriesga nuestra salud. El perdón, a diferencia del olvido, es posible alcanzarlo a través de conductas conscientes que nos facilita encontrar otras salidas. Perdón no es olvido, pero ayuda a olvidar.

No todo se puede perdonar. Pero de los conflictos en las relaciones sentimentales entre dos personas, perdonar suele resultar más fácil que olvidar. Perdonar duele. El resentimiento, la hostilidad o el empecinamiento en no olvidar, duele más.

Las dificultades para olvidar las experiencias sentimentales frustradas, para aceptar el derrumbe de las expectativas depositadas, tiene mucho que ver con el hecho de que nuestra memoria es más emotiva que fidedigna, es decir, nos devuelve los recuerdos como reconstrucciones cargadas de sentimientos. Como nuestro cerebro se mueve por rutinas, y como son esas rutinas las que establecen nuestra homeóstasis (equilibrio mental y físico), la aceptación de la necesidad de adaptarnos a la realidad tras una ruptura, rompe el hábito de concentrarnos en aquello que nos pasó y causó nuestro sufrimiento, haciendo que, con el tiempo, deje de formar parte de nuestra cotidianidad. Olvidamos a alguien o a algo cuando ya no está en nuestro pensamiento, o cuando, aunque sobrevenga su recuerdo, éste no es capaz de activar emociones que no seamos capaces de controlar y de dejar pasar.

Procurar olvidar requiere aprender a tolerar la frustración de las posibilidades de reconciliación (en medicina psicosomática sabemos que el estrés que genera la separación es menor que el de la reconciliación), de enfrentarnos a una separación aunque ello conlleve una crisis bastante significativa en nuestras vidas. La aceptación de la ruptura y la adaptación a la nueva realidad son poderosos mecanismos que nos proporcionan equilibrio mental, capaces de transformar esos recuerdos de manera que el cerebro los pueda utilizar para prepararnos para tareas futuras. No olvides que el cerebro sabe que los problemas son para resolverse, así que, para superar la majadería de los recuerdos recurrentes, creará rutinas donde lo que ya no es, ya no está.

Comentarios
Tags

Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
Close