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Miguel Díaz-Canel, el elegido para suceder a la dinastía Castro en Cuba

Por primera vez desde el 1 de enero de 1959, la Revolución cubana tendrá de esta forma un líder que no participó en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista.

Miguel Díaz-Canel fue propuesto este miércoles para suceder a Raúl Castro al frente de la presidencia de Cuba, en un relevo histórico en la isla, que después de varias décadas no tendrá a un Castro al frente del Gobierno, pero que no implicará cambios políticos. Díaz-Canel, de 57 años, era el candidato al que apuntaban todos los pronósticos, aunque su postulación no se había hecho oficial hasta hoy, cuando la Comisión Nacional de Candidaturas lo propuso para presidir el Consejo de Estado, el máximo órgano que gobierna la isla.

Con paciencia y sin buscar protagonismo, Miguel Díaz-Canel hizo una carrera política de funcionario leal y eficiente, que ha sido premiada por Raúl Castro convirtiéndolo en su relevo para la presidencia, cargo para el que fue oficialmente propuesto hoy por el Parlamento en La Habana. “El compañero Díaz-Canel no es un novato ni un improvisado”, afirmó Raúl Castro cuando en 2013 lo designó vicepresidente primero del Gobierno Cubano.

Nacido el 20 de abril de 1960 en la provincia de Villa Clara, Díaz-Canel es un ingeniero que pasó por todos los niveles de dirección del Partido Comunista de Cuba (PCC) y del Gobierno Ejerció como jefe del Partido Comunista en dos de las provincias más importantes de Cuba. Primero en su natal Villa Clara, donde defendió proyectos tan irreverentes como “El Mejunje”, un bar que fue el epicentro del movimiento LGTB en Cuba.

Después dirigió la oriental provincia de Holguín, donde nacieron Fidel y Raúl Castro. En ambos sitios, los lugareños le recuerdan por su estilo desenfadado, vestido con viejas camisetas con la imagen del guerrillero Ernesto “Che” Guevara o moviéndose en bicicleta por la ciudad. En 2009, Raúl Castro lo nombró ministro de Educación Superior y en 2013 vicepresidente primero, convirtiéndolo en el político cubano nacido después del triunfo de la Revolución con más alto rango dentro del Gobierno.

Como vicepresidente, su presencia a nivel internacional se reforzó participando en tomas de posesión presidenciales, recibiendo a personalidades en La Habana o visitando Rusia y Venezuela, grandes aliados políticos y económicos de La Habana. Desde que en 2013 fue elegido vicepresidente primero, todos los focos estuvieron puestos sobre él como sucesor de Raúl Castro en la presidencia, pero el secretismo que acompaña esta decisión también generó incertidumbres.

El predominio comunista

El sistema unipartidista cubano considera al PCC como “la fuerza dirigente superior de la sociedad de la sociedad y el Estado”, por lo que desde el PCC Raúl Castro podrá tutelar las reformas que emprenda el Gobierno.

Antes de la nominación de Díaz-Canel, los 605 diputados ratificaron al frente del Parlamento a Esteban Lazo para un nuevo período de cinco años, en lo que fue la primera señal de que la transición preparada por el saliente mandatario tendrá sello castrista.

La novedad fue la nominación de Salvador Valdés Mesa como futuro vicepresidente primero de Cuba, que este jueves, cuando se conozcan los resultados de la votación, se convertirá en el político de raza negra que llegue más alto en el poder cubano.

En cambio se mantiene como uno de los cinco vicepresidentes a históricos como el comandante de la Revolución Ramiro Valdés, de 85 años, y como miembro del órgano al otro comandante de la Revolución Guillermo García Frías, de 90 años.

Se trata de un aterrizaje suave en el que una nueva generación de líderes que han ascendido en la escalera de poder del sistema, paso por paso y sujetos a pruebas y comprobaciones, toman las riendas“, aseguró el académico cubano Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Texas-Rio Grande Valley.

Es una generación que vivió la fuerte presencia internacional de Cuba apoyando a movimientos guerrilleros, pero que también vivió la caída del aliado soviético y la crisis económica.

Esa mezcla de ideología con pragmatismo hacen el difícil equilibrio en el que tendrá que manejarse la política cubana durante los próximos años, en un escenario económico delicado y con un contexto internacional que no les es favorable con Donald Trump en la Casa Blanca.

Sin cambios en Washington

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no espera cambios en Cuba tras el relevo de Raúl Castro y no tiene intención de modificar su política hacia la isla, según indicó este miércoles una portavoz de la Casa Blanca.

“La política del presidente Trump de canalizar fondos al pueblo cubano y no a los militares ni a los servicios de seguridad e inteligencia es consistente con los objetivos del pueblo de Cuba”, manifestó Helen Aguirre Ferre, asesora especial del mandatario y directora de Medios de la Casa Blanca.

Trump dio marcha atrás en el acercamiento a Cuba impulsado por su antecesor, Barack Obama, que junto a Castro retomó las relaciones diplomáticas entre los dos países en 2015, tras más de 50 años con ellas rotas.

Aunque las respectivas embajadas continúan abiertas, el republicano endureció el embargo sobre la isla, limitando los viajes de los estadounidenses y vetando a las empresas que pretendan operar con compañías en manos de las Fuerzas Armadas cubanas, que según expertos en Estados Unidos controlan en torno al 60% de la economía de la isla y el 80% del sector turístico.

Estados Unidos no tiene ninguna expectativa de que el pueblo cubano vaya a ver mayores libertades bajo el sucesor de Castro elegido a dedo“, dijo Aguirre Ferre. “Mantendremos nuestra solidaridad con el pueblo cubano mientras exige elecciones libres y justas, derechos humanos y civiles“, añadió.

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