Nicolás Durán de la Sierra

Meade y el saqueo de Quintana Roo

Tras la designación de facto de José Antonio Meade como candidato del PRI a la presidencia del país, ya apoyado con todo por el aparato de gobierno con el tácito aval de un instituto electoral cada vez más censurado por sus amañadas pifias; con su ‘destape’ como precandidato único del partido oficial, el otrora titular de Hacienda quedó bajo la mirada nacional, quedó expuesto al juicio de un país muy irritado por la caída de nuestra economía y por la violencia que campea por toda nuestra geografía.
 
El candidato del PRI, por decir lo menos, ya sea como secretario de Desarrollo o como titular de Hacienda hasta hace poco, fue coautor de primerísima línea no tan sólo del desastre económico que vive el país y el que todo hace suponer que se pondrá peor, sino también de una política financiera que favorece la riqueza de pocos en demerito de la mayoría nacional. México nunca había tenido tanta pobreza, como reconocen hasta los conteos del oficialista INEGI.
 
Empero, lo que más va en su contra es su sospechoso silencio cuando fuera jefe de Hacienda respecto de los sobornos que recibiera Emilio Lozoya como titular de PEMEX de parte de Odebrecht, o respecto del conflicto de intereses entre el Grupo Higa y la presidencia del país por el batahola de la ‘Casa Blanca’ de Peña Nieto y su esposa. La oposición asegura que fue el silencio cómplice de Meade el que le dio la candidatura.
 
En Quintana Roo su prestigio, el poco que aún pueda tener, no es mejor: se le liga con el brutal saqueo del exgobernador Roberto Borge, pues es imposible que cual titular de Hacienda no estuviera al tanto del uso que éste daba a los fondos que se le canalizaban; no es creíble que en Quintana Roo se pudieran distraer miles de millones de pesos públicos sin que Hacienda lo hubiera detectado.
 
Sólo algunos como el senador Félix González Canto aplauden el ‘destape’ de José Antonio Meade, al que califica como un “economista y político mexicano no muy común”. Lo malo para el candidato oficial es que sus aplausos ni de lejos abonan a su favor, pues la rectitud del cozumeleño está más que en duda y no resultaría increíble que una vez que deje la cámara alta sea llamado a cuentas judiciales.
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Nicolás Durán de la Sierra

Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.
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