Nacional

Machismo electoral

Aparentemente, dice la leyenda urbana, las mujeres votan guiadas únicamente por nuestras emociones

“¡Peña, bombón te quiero en mi colchón!” fue uno de los inolvidables slogans que se repitió hasta el cansancio en las campañas presidenciales de 2012. Más de una vez, en conversaciones casuales con colegas escuché: “Peña va a ganar porque es guapo, y las mujeres (tontas ellas) van a votar por el por eso”. Esta idea, la de las superficiales mujeres que votan por un candidato solo porque es atractivo se volvió tema de conversación común durante el 2012. Y la idea se basaba en una sola imagen, en un par de mujeres que gritaron esta frase en un acto de compañía o escribieron la frasecita en una pancarta.

Pero la idea se generalizó. Aparentemente, dice la leyenda urbana, las mujeres votamos guiadas únicamente por nuestras emociones, porque a nosotros nos conquistan con sonrisas y copetes, con atractivas fotos, con historias de amor de telenovela y a nosotras que más nos da la reforma energética. Obvio los hombres votan siempre informadamente, después de leer todas las propuestas electorales y nunca jamás se dejan llevar por superficialidades al votar. Como si el siglo XX no nos hubiera enseñado nada, el machista discurso en el que se apoyaban los que negaban el voto a la mujer sigue vivo: las mujeres son incapaces de votar racionalmente, de entender de política de votar por las razones que realmente importan. Mientras que los hombres ellos, siempre listos e informados, toman mucho mejores decisiones, como la historia lo prueba por supuesto.

Aquellos defensores de ese discurso olvidaron que las mujeres votamos por mucho más que un copete y que en la mayoría de los casos, tristemente somos solo nosotras, “las señoras de la casa”, las que nos enteramos cómo el precio del jitomate está variando y cómo la luz y el predial suben. Nuestro voto está relacionado con la inmensa carga mental que implica el trabajo doméstico, criar niños, la doble jornada, la administración del ingreso familiar. Eso no implica que la reforma energética no sea de nuestro interés, significa que a ese tema le tenemos que sumar preocupaciones como licencias de maternidad, acoso, feminicidios, discriminación laboral, etc.

Por desgracia la triste y errónea idea del voto femenino irracional continúa. Otra vez en año electoral y muchos políticos, jóvenes y viejos siguen tratándonos como si nuestro voto solo dependiera de la imagen o de la familia bonita. Algunos se han sofisticado mucho y ahora nos hablan de feminismo, reparten rosas el día de la mujer, nos explican cómo están convencidos del importante rol de la mujer en el México de hoy. Y, al mismo tiempo, vuelven a intentar ganarnos con bonitos discursos e imágenes donde muestran su apoyo a las mujeres, mientras sus programas están vacíos de propuestas que avancen la igualdad y los derechos de las mujeres en el país. Por ejemplo, la plataforma electoral Ricardo Anaya habla de la eliminacion de la violencia política contra las mujeres y el alcance de la igualdad sustantiva, pero no hace ninguna propuesta concreta de cómo se alcanzará esto. Y este es solo un ejemplo.

En este 2018 no les demos la razón. No premiemos a los candidatos con la mejor corbata o el cutis más terso, sino a aquellos con políticas de fondo que vayan a modificar de manera positiva nuestro día a día. Revisemos programas antes de comprarnos discursos feministas que no se ven reflejados en propuestas y olvidémonos de la foto rodeado de mujeres y niños, mejor chequemos cuántas mujeres hay en sus equipos.

Tampoco caigamos nosotras mismas en el discurso machista que sigue siendo dominante. Cuando hablemos de una candidata dejemos de criticarle el maquillaje, el color de la falda, la pose con que se sienta, qué tan vieja se ve o cuánto ha subido o bajado de peso. Su trabajo, los principios al centro de sus programas propuestos, deben ser lo que guíe nuestro voto, incluso nuestra platica casual. Seamos sinceras con nosotras mismas y pensemos cuántas veces caemos en el “micromachismo” al hablar de candidatas y al ejercer nuestro voto. Nosotras también hemos crecido en una sociedad machista y tenemos que tener cuidado y evitar reproducir aquellas actitudes que terminan perpetuando la desigualdad.

Ejerzamos nuestro voto recordado a todas aquellas que pelearon porque pudiéramos hacerlo. Hagámoslo de manera responsable y castiguemos a aquellos candidatos que no solo ignoran nuestras preocupaciones, sino que nos tratan como si nuestras decisiones políticas se guiaran por el tamaño de un copete.

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Huffington Post
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