Ciencia

Los tres ‘milagros’ de Stephen Hawking

Sobrevivió a tres fatalidades de la vida, pero murió a los 76 años. Tuvo razón cuando dijo que todas las historias son posibles en el universo.

Stephen Hawking no sólo fue el continuador de las teorías de Albert Einstein y el aportador de tesis que refuerzan la Teoría del Big Bang: también fue la primera figura pop de la ciencia. El hombre que utilizó el buen humor para llevar la ciencia a las masas.

El astrofísico  más popular de todos los tiempos apareció en capítulos de Los Simpsons y en un disco de Pink Floyd; flotó en un simulador de la NASA y dio consejos a la Selección de Inglaterra para tirar penales perfectos; visitó El Vaticano y la película sobre su vida ganó un Oscar.

“Él sí quiso comunicar la ciencia. Decidió hacerlo cuando observó que su best seller Breve historia del tiempo (1988) no tuvo ni una sola reclamación pese a que le faltaban decenas de páginas por un error de la primera editorial en la que lo publicó. Notó que la gente, en realidad, no lo estaba entendiendo. Por eso, después, escribió El universo en una cáscara de nuez (2001), un auténtico libro de divulgación científica. La autocrítica y la generosidad fueron sus bastiones”, explica Julieta Fierro, investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM.

Hawking  nunca vaciló en lanzar un chiste en público, ofreció cientos de conferencias sobre cambio climático y describió a Donald Trump como “un demagogo que parece apelar al mínimo común denominador”.

Pese a haber sido educado bajo los preceptos de la ciencia —su padre fue jefe de parasitología del National Institute for Medical Research y su madre fue secretaria del Instituto Médico de Hampstead—, nunca fue un alumno notable en la primaria, según escribe Kitty Ferguson en Stephen Hawking. Su vida y obra (2012). Sus padres nunca confiaron, siquiera, en que aprobara el examen de admisión a Oxford College.

Hawking escribió sobre lo que parecía indescifrable: agujeros negros que se desvanecen y emiten radiación, galaxias que crecen debido al efecto de las fluctuaciones cuánticas, fundamentos que prueban la existencia del Big Bang—Ley de Hubble— y pruebas que avalan las predicciones de Einstein sobre la relatividad del tiempo (demasiada energía concentrada en un solo lugar —eso son los agujeros negros— puede ocasionar un colapso del espacio; como si los agujeros se tragaran todo). La conclusión de sus investigaciones fue inquietante: el universo como consecuencia natural de las leyes de la física. En otras palabras: la inexistencia de un creador.

“Siempre se consideró ateo. Decía que la cosmología es la religión para los ateos inteligentes. Los cosmólogos, afirmaba, no le rezan a un santo, sino a la ecuación que pueda descubrir que todo, en el fondo, está unificado. Una de sus preguntas fundamentales fue: ¿qué es lo que da aliento a las ecuaciones y hace el universo para que ellas lo describan? Hawking fue el continuador del sueño de Einstein en su pasión por descubrir una unidad esencial en la naturaleza”, considera el escritor y divulgador de la ciencia José Gordon.

Su gran aporte —señala Fierro— fue descubrir que hay hoyos negros de diferentes tamaños, en particular unos muy pequeños que se formaron al inicio del Universo y que ya se evaporaron. “Fue una gran revelación en su tiempo, pues se creía que no salía nada de los hoyos, ni siquiera luz”.

EL ATEO AL QUE LE OCURRIERON MILAGROS

En 2014 dijo a El Mundo: “la religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia”. Sin embargo, él mismo fue uno. Lo inexplicable, el origen del universo —que él mismo bautizó como La teoría del Todo; nombre, por cierto, que también lleva la película sobre su vida— fue la constante de su existencia, que también fue víctima de eso que Borges llamó “nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad”: el azar.

Su fecha de nacimiento, 8 de enero de 1942, coincidió con el tercer centenario luctuoso de Galileo Galilei. Pocas veces el tiempo hilvana a dos genios. Sin embargo, 1942 también fue el año más sangriento de la Segunda Guerra Mundial. Los constantes ataques a Londres obligaban a la señora Isobel a refugiarse en los búnkers subterráneos de Highgate para protegerse de los bombardeos nazis. Sobrevivió.

El  segundo milagro  le ocurrió en su cuna a los pocos meses de nacido. Un misil V-2 impactó al lado de su casa. Salió ileso. Ni un rasguño le produjo la guerra, mas sí un deseo inmenso por entender a la humanidad a partir de la ciencia. Hace un año, advirtió a The Times: “tenemos la tecnología para destruir el planeta, pero no tenemos la habilidad para escapar de él; en cualquier momento podemos ser destruidos por una guerra nuclear o biológica”.

Hawking  es el símbolo de la pasión por entender el mundo con rigor en los tiempos de la posverdad. Su vida es el ejemplo de cómo nuestra curiosidad de niño puede seguir viva pese a nuestras limitaciones”, comenta Gordon. El tercer milagro lo vivió a los 21 años, cuando le diagnosticaron esclerosis lateral amotriófica. Vaya mala suerte: según la OMS, sólo dos de cada 100 mil personas la padecen en el mundo. Los médicos le pronosticaron tres años de vida. Murió a los 76. Tuvo razón cuando dijo que todas las historias son posibles en el universo.

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El Financiero
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