Salud

Los jabones antibacteriales, ¿mito o realidad?

Surgieron en su momento como la alternativa más pulcra de la higiene del ser humano, pero hasta la actualidad ni sus propios fabricantes pudieron demostrar sus beneficios. En EEUU, ya fueron quitados del mercado dos tipos del producto, debido a la presencia de químicos dañinos para la salud

Los beneficios de los jabones antibacteriales comenzaron a ponerse en duda hace más de una década, cuando Elaine Larson, profesora de epidemiología en la Universidad de Columbia, investigó durante casi 10 años las tasas de enfermedades entre las personas que usaban este higienizante en barra y las que no y descubrió que, en realidad, no existían diferencias significativas: todos se enfermaban en la misma proporción.

En los últimos días, el particular tipo de detergente sanitario volvió a ser rechazado, pero esta vez no por sus inocuidad, sino -al contrario- debido a algunas sustancias peligrosas para la salud. Lo determinó la Administración de Alimentos y Drogas (FDA), de Estados Unidos, que prohibió la venta de aquellos jabones que contengan triclosan y triclocarban. Esos componentes pueden encontrarse en diferentes artículos de aseo personal -desde desodorantes a pasta de dientes-.

En 2013, la FDA exigió a la industria cosmética presentar pruebas de que su uso extendido en el tiempo no era peligroso. Las evidencias -científicas- nunca llegaron. El requerimiento surgió luego de que aparecieron investigaciones sobre cómo pueden generar problemas hormonales y ampliar la resistencia de las bacterias. Hasta el momento, hay 19 ingredientes que estàn en observación y que podrían salir del mercado.

“Los fabricantes no han demostrado que los ingredientes son seguros para el uso diario a largo plazo y que sean más eficaces que el jabón normal y agua en la prevención de la enfermedad y la propagación de ciertas infecciones”, explicó el comunicado de la FDA.

Sin embargo, para la FDA estas sustancias pueden ser dañinas solo cuando entran en contacto con el agua, por lo que no se vedó la producción ni la venta de sanitizantes de manos o toallitas.

“Los consumidores pueden pensar que los productos antibacterianos son más eficaces en la prevención de la propagación de gérmenes, pero no tenemos ninguna evidencia científica de que son mejores que agua y jabón común”, explicó Janet Woodcock, directora del Centro de la FDA para la Evaluación e Investigación de Medicamentos ( CDER ). Y sentenció: “De hecho, algunos datos sugieren que los ingredientes antibacterianos pueden hacer más daño que bien en el largo plazo”.

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