Julián Puente

Libertad de expresión en redes sociales

Es usual pensar que privacidad y libertad de expresión están en extremos de algunas tensiones, pero más de una vez debemos reflexionar sobre cuánto depende la una de la otra y cómo a veces la tensión es de otro tipo. La constitución establece dos Derechos Humanos: la libertad de pensamiento  y la libertad de expresión.

Ésta última tiene límites normativos previstos en la propia Constitución: no atacar la moral, los derechos de terceros, ni la vida privada de las personas. Sin embargo, hoy en día el manejo de la libertad d expresión a través del Internet ha llevado a muchos a extremos de la vulgaridad para defender algo o alguien o simplemente con un clic inventan historias para denostar o agredir, eso en lo particular no es libertad de expresión.

Esa libertad es un pilar fundamental para todo Estado Democrático de Derecho. Fortalece la participación ciudadana en asuntos de interés particular o colectivo, e implica un baluarte frente a la rendición de cuentas que todo gobierno tiene, por deber, que cumplir. Con o sin crítica, toda opinión debe ir presagiada de una clara intención de contribuir en la reflexión de pensamiento de las personas hacia quienes va dirigida, procurando motivar a las masas a analizar el tema expuesto y a orientar su perspectiva.

La opinión, sin lugar a dudas, debe ser ejercida dentro de un marco de responsabilidad, pues quien en sus manos tiene la manifestación de sus pensamientos debe tener claridad de las eventuales consecuencias que, por afectación a la moral, el orden público o a terceros, se puedan generar.

Con la preferencia en el uso de las redes sociales, las personas han encontrado un refugio perfecto para hacer valer sus opiniones, casi en forma instantánea. Esos medios de comunicación presentan muchos beneficios, pero a su vez riesgos. Es interesante ver los distintos enfoques que se manejan respecto a las Redes Sociales, entendiendo como tal el concepto acuñado a partir de nuestra generación de jóvenes y los ya no tan jóvenes que nos hemos incorporado, por gusto, necesidad o ambas, a ese fenómeno que nos  ha otorgado una libertad de la que hemos abusado, convirtiendo éstas en un alarde de libertinaje tal que cualquiera escribe, difunde y más, y algunos todavía las catalogan como el claro ejemplo del llamado “periodismo ciudadano”.

Dice aquel refrán “zapatero a tus zapatos”, y sería lo más lógico, aun cuando hay en el medio periodístico personas con otra formación académica o sin ella, es decir, empíricos, que ejercen el periodismo de diversas formas, buenas y malas, criticables y adecuadas. Cada quien habla de estas formas y personajes de acuerdo como le va en el trato que recibe, sin embargo, es preciso entender que el participar en una Red Social no nos da autorización para poder difamar a la gente.

Las redes sociales son espacios de interacción y de acceso gratuito donde los usuarios se expresan con referencia a temas que afectan a la población. Los mensajes no siempre guardan el debido respeto y las normas de urbanidad, algunos usuarios insultan, ironizan, se burlan de personalidades del ámbito público, como ocurre en el caso de nuestro país con nuestros gobernantes, que son el blanco de las críticas, pero motivados por sus declaraciones en los medios de comunicación.

Esas declaraciones o dislates de las autoridades originan una reacción negativa en el público que provoca molestia y las redes sociales son espacios donde manifiestan su posición, son expresiones de rabia, impotencia. Pero también hay que mencionar algo, muchas personas al encontrarse “protegidas” por una pantalla de computadora o celular, las se sienten más envalentonadas para manifestar lo que piensan y donde en muchos casos se permiten insultar o, incluso, levantar falsos en contra de terceros que pueden repercutir en su honorabilidad y reputación. Ningún derecho o libertad tienen un carácter absoluto en cuanto a su ejercicio.

Es una máxima que se conoce, principalmente, en el mundo del Derecho, y que se traduce, coloquialmente, en que el hecho de gozar de ese derecho o libertad no me legitima para hacer lo que me plazca frente a los demás. Si una persona quiere denunciar una situación irregular respecto a otra debe tener presente que su dicho debe estar respaldado por las pruebas pertinentes, a menos que sean hechos públicos y notorios que no permitan duda alguna.

Caso contrario, quien afirme hechos falsos o inexactos que generen daño en otras personas, debe enfrentar las consecuencias legales por su ligereza. Entristece ver a muchos contactos que emplean dos aberraciones del lenguaje: la primera es en el sentido de que no tienen idea de lo que es la gramática, la ortografía y la sintaxis, y la otra, porque hay quien se dedica a publicar cualquier cosa por personal que sea, y lo que escribe lo hace en base a un mundo de palabras altisonantes, leperadas, majaderías, groserías o como le quiera llamar.

El columnista no se espanta y sabe que son parte del léxico de muchos, pero entiende que debe haber ambientes en los que se pueda utilizar este tipo de palabras y expresiones, y creer que mentar la madre y ofender con palabrotas a la gente en una Red Social es ejercer la libertad de expresión, tiene una concepción muy equivocada de este maravilloso recurso informático y de información que ha desarrollado un sinnúmero de opciones, desde Facebook hasta las más sofisticadas.

No permitamos que las facilidades que nos brinda la tecnología imperante nos lleve a cometer ligerezas por las cuales, en el futuro, debamos arrepentirnos, todo por creer que la libertad de expresión la podemos ejercer sin límite alguno.

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Julián Puente

Julián Eduardo Puente Sánchez; es periodista y columnista de quintana roo desde hace 15 años. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Actualmente se desempeña como titular de la 2da emisión de Sipse Noticias Radio, coordinador del Periódico la Voz de Quintana Roo en la zona sur y director de comunicación social de la delegación del ISSSTE en el estado así como de colaborar para diversas páginas informativas.
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