La represión de Cataluña

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“Cuando el gobierno recurre a la violencia para mantener el poder”

Por Eros Ortega Ramos*

El afán de independencia que en determinado momento llega a promover un pueblo o nación, debe de analizarse no únicamente desde la perspectiva socioeconómica, sino desde la política y cultural también. En el caso de Cataluña, desde finales del siglo XIX, la independencia de la región ha estado mediada por cada uno de estos aspectos, debido a la multiculturalidad y a la ahora crisis económica que durante el gobierno del polémico Mariano Rajoy, se ha intensificado de manera considerable. Estamos hablando de la región más rica de toda España, que hoy por hoy está sufriendo los efectos de una recentralización que lejos de incrementar la popularidad del mandato de Rajoy, está exponiendo a los ojos del mundo el autoritarismo de un Estado que a lo largo de estos días ha demostrado que no permitirá la modificación de sus intereses políticos, así sea el pueblo quien tenga que sacrificarse para mantenerlos tal y como se desea de manera perversa; intactos.

Desde el año 2010, distintas manifestaciones han demostrado que ya no estamos hablando de una minoría que lucha por su soberanía, sino que la nación española enfrenta un movimiento social catalán de dimensiones estratosféricas que afecta a todos los sectores sociales, constituyéndose así en una mayoría organizada. Como efecto de esto, el propio parlamento catalán se vio forzado a dar inicio a un proceso político para la canalización de las demandas del pueblo de Cataluña. Me refiero a un referéndum, que como instrumento de participación política, ha simulado canalizar el deseo de la mayoría de civiles participantes en uno de los ejercicios democráticos más polémicos de los últimos años; la independización de Cataluña.  

A lo largo del día 01 de octubre del año en curso, las principales redes sociales se llenaron de fotografías y videos que expusieron la represión hacia civiles por parte de la Policía Española. Tal represión fue experimentada por ciudadanos de todas las edades; desde adultos jóvenes, hasta adultos de la tercera edad. Lo peor del caso es que las escenas de allanamiento y violencia física, a todas luces arbitrarias e ilegales, se siguieron repitiendo a lo largo de toda la jornada, sin que el propio presidente pronunciara una sola palabra al respecto.

Un día después de la consulta para la independencia de Cataluña, la Comisión Europea condenó la acción de la Guardia Civil, calificándola como represora y anticonstitucional: “La violencia nunca puede ser un instrumento político” (ElPaís, 02/X/17). Y es que durante el ejercicio político del referéndum, el Tribunal Constitucional suspendió la consulta por medio del uso de la fuerza de la Policía Nacional de España. Dicha represión, hasta el momento, ha dejado un saldo de 893 heridos, de acuerdo a un informe del Gobierno de la Generalitat: “El presidente catalán, Carles Puigdemont, ha reclamado la retirada de la Policía Nacional y Guardia Civil de Cataluña. Para mañana martes está convocado un paro general en protesta por las cargas policiales. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy inicia esta tarde una ronda con el PSOE y Ciudadanos para abordar la crisis” (ElPaís, 02/X/17).

Podemos decir que en este momento, Cataluña enfrenta la transgresión de sus derechos democráticos, en contraste con el conflicto catalán y su anexión a la Unión Europea. La situación es realmente complicada, ya que no solamente se habla de la vulnerabilidad de una soberanía popular que en teoría, tendría que ser respetada y promovida por el mismo Estado, sino de la violación a los derechos humanos de una sociedad civil que en pleno uso de sus derechos políticos, está siendo reprimida de manera injustificada.

Pero: ¿Qué inspiro a Rajoy a actuar de esta manera?, ¿Por qué esa renuencia por parte del Estado Español respecto a la independencia de Cataluña? Las teorías son diversas, pero considero necesario mencionar, como sociólogo político, que una de las principales causas de este tipo de fenómenos sociales se debe en gran parte a la perpetuación de la dominación gubernamental. En otras palabras, este incremento de la violencia física en la vida social, es el resultado de un proceso de agotamiento del modelo de dominación de la clase dirigente y sus correspondientes tipos de control social. Así, las tácticas de control social y disciplinamiento que a lo largo del tiempo se fueron institucionalizando por obra de las clases dominantes, el día de hoy atraviesan crisis diversas.

Con la promoción y el posterior apogeo de los derechos humanos, el Estado, a diferencia de antes, ya no puede regular y normalizar la vida social con la misma eficacia. De esta manera, nos encontramos en la actualidad ante un modelo de dominación desgastado del Estado-Nación, que en su afán de encontrar, producir y reproducir su legitimación y la de sus intereses sociales dominantes, desesperadamente recurre al uso del monopolio legítimo de la violencia, tal y como de manera deliberada se está viviendo en Cataluña.

Lo más preocupante del asunto es que, tal crisis del modelo de dominación español no asegura su claudicación definitiva, sino al contrario, reivindica una reestructuración de las distintas facciones de la clase dominante, en este caso, personificadas en el gobierno de Rajoy. Esto quiere decir que el Estado se encuentra en búsqueda de nuevas formas de control social que brinden esa legitimación anhelada.      

En el caso de México, el modelo de la “represión de Cataluña” se ha repetido a lo largo de la historia de manera inaudita. Uno de los ejemplos más vergonzosos es la represión policial en San Salvador Atenco, la cual dejó dos muertos, decenas de heridos y más de 20 mujeres abusadas sexualmente. Recuerde que el 03 de mayo del año 2006, cientos de campesinos fueron víctimas de la represión policial por parte de la policía regional, quien actuó bajo las órdenes del entonces gobernador del Estado de México y hoy Presidente de la República: Enrique Peña Nieto. Alrededor de 500 campesinos de este municipio de la entidad se manifestaron en contra de la construcción de un nuevo aeropuerto en Texcoco, ya que para lograr tal cometido, el Gobierno Federal tenía que expropiar casi 5,000 hectáreas de terrenos agrícolas, mismos que eran el sustento de un gran número de familias mexiquenses de bajos recursos.

Dicho todo lo anterior, en pleno siglo XXI seguimos viendo escenarios violentos como el de Cataluña, desde México hasta el otro lado del mundo, esperando que de toda la represión sufrida por parte de inocentes, se aprenda de una vez por todas que de un gobierno autoritario ninguna nación está exenta, por lo que la defensa de los derechos civiles y políticos aquí y en España, debe de ser una demanda de la ciudadanía a sus respectivos gobiernos, antes de que el hambre de poder por parte de estos nos alcance.

 

 

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