Psicología

La pereza: ese “pecado” de personas impulsivas

La pereza es una costumbre, una conducta adquirida y no un rasgo de personalidad. No somos holgazanes por naturaleza.

La pereza no es más que el hábito de descansar antes de estar cansado” Jules Renard

Allá por el siglo VI, los pecados capitales eran ocho.  La Tristeza era uno de ellos, si, como lo leen, una emoción tan básica era pecado mortal. Gregorio Magno, papa de Roma por entonces, la hizo decaer de la temible lista. Era eso o condenar a la humanidad entera a los mil infiernos. A ver quién no experimenta diferentes estados de tristeza a lo largo de su vida. Recientemente, Francisco del Vaticano ha hecho lo mismo con la Pereza. Continuar asociando in saecula saeculorum, la pereza con el vicio y la negligencia, ya no funciona como aviso para ignorantes. Así que, para tentarnos o para seducirnos, a día de hoy tan solo nos quedan seis.

Popularmente la pereza es considerada como una forma de fragilidad de la persona. Como ocurría con la tristeza (aún pasa), la pereza carga con el estigma y es juzgada como una debilidad del carácter, cercana, incluso a la depresión. La base científica de esta creencia es ninguna. Pese a ello, la pereza no se libra de su mala fama allá donde va.

Al contrario de lo que muchos puedan pensar, y por increíble que te pueda resultar lo que te voy a comentar: la pereza es una conducta habitual en personas impulsivas.

La pereza es una costumbre, una conducta adquirida y no un rasgo de personalidad. No somos holgazanes por naturaleza. La pereza tiene mucho que ver con la impulsividad (que sí es un rasgo de personalidad). El perezoso/a, busca con fruición aquello que le proporcionará beneficios a corto plazo, habitualmente dejándose llevar por su estado de ánimo a la hora de tomar decisiones.

Los perezosos se fijan demasiado en las metas, sus mecanismos psicológicos les dificultan disfrutar del proceso por el que se alcanza un objetivo. En su comportamiento es habitual postergar las tareas que ha de realizar por otras más placenteras. No todos los que dejamos alguna tarea para otro momento somos holgazanes, pero el gandul procrastina por costumbre, se arrima sin remordimiento a esa motivación extrínseca, ese refuerzo social conforme al cual lo que cuenta es el resultado. El riesgo de abandono de un proyecto, o de saltar de una intención a otra, impulsiva y descontroladamente es enorme. La pereza condiciona nuestro comportamiento y puede generar patologías psicológicas importantes, relacionados con el derrumbe de la autoestima o los cambios que nos trastornan el humor, y de desconfianza en sí mismos. Cabe advertir que, si bien la desgana y la apatía no son depresión o ansiedad en sí mismas, aparecen con frecuencia en estas patologías.

La pereza ejerce un poder tal sobre la persona, que ésta acaba percibiendo la vida como algo difícil, que exige esfuerzo y resulta muy costosa. Pese a todo ello, no es una actitud que no podamos superar. Para empezar, abandonemos el sentido pecaminoso de culpabilidad por hacer el vago. Fijar metas alcanzables es un buen plan frente a la apatía del esfuerzo. Buscar y compartir apoyo social, suele aportar motivaciones capaces de desactivar la conducta de dejadez.

“”Hay que buscar un espacio del día para poder hacer aquello que nos cuesta hacer”.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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