Escasa Readaptación Social

Punto Exacto - Julián Puente

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Las cárceles son una institución del sistema de justicia diseñado para prevenir  la ocurrencia de delitos y sancionar a todos aquellos que no fueron disuadidos y efectivamente cometieron el ilícito.

Esos centros que deberían rehabilitar, en realidad fortalecen y aumentan la capacidad de delinquir y hace de personas que cometieron un delito de poca monta verdaderos enfermos o hacedores del mal, por el tratamiento que reciben tanto de la autoridad legal como de las distintas voces ilegales que tienen a su comando ejército que haga cumplir sus órdenes.

Un claro ejemplo de una cárcel ya rebasada en todos los sentidos es la cárcel municipal de Cancún, la cual en los últimos tres meses ha tenido por lo menos media docena de enfrentamientos. Es una cárcel que originalmente estaba destinada para 500 internos y actualmente tiene a más de 2 mil.

¿Qué readaptación  se puede esperar o soñar que suceda en una cárcel construida para 500 reos pero que alberga más del triple?

Para malvivir adentro, los residentes tienen que hacer todo tipo de transacciones, como pagar para que les dejen dormir en una hamaca o poder bañarse correctamente, servir a un capo para obtener protección y medio sobrevivir y hasta para hacer uso de sus propias pertenencias, incautadas.

La CNDH dio a conocer que en el país 72 prisiones han excedido su capacidad de internamiento de reos. Una de las causas de esta crisis de espacios en los centros penitenciarios, es que el 42 por ciento de los internos no han sido sentenciados.

Más de 51 mil internos en el país carecen de espacios óptimos de habitabilidad, es decir, duermen en el piso.

Muchos creemos que mientras no reformen el sistema judicial para aligerar la acumulación de procesos y construyan cárceles decentes donde la rehabilitación sea un hecho, no habrá autoridad alguna que controle esos sitios.

El Estado paquidérmico, no puede darse el lujo de mantener privados de la libertad a miles y miles de ciudadanos, que si bien han cometido algún delito, no necesariamente deben estar soportando la precariedad de un sistema carcelario, que en el momento menos pensado les podría agravar su situación jurídica, dado que el estado de mal ambiente en que viven, respirando por todas partes aire enrarecido, los puede llevar a una alteración de ánimos con consecuencias fatales y catastróficas.

Mientras las autoridades penitenciarias, no cambien el concepto que tienen de los reclusos o internos; será imposible lograr que se obtengan programas de rehabilitación y resocialización en los centros carcelarios y penitenciarios del país.

El caso del hacinamiento, es tema de nunca acabar. Todos los días los noticieros presentan los terribles dramas que padecen los internos. La única garantía que tienen, es la clara violación a los derechos humanos por parte de la indiferencia del Estado, que a la fecha, ha demostrado su total incapacidad de solucionar el problema.

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