El recuento de los daños después del sismo del 19 de septiembre

84


“A 20 días del terremoto, la sociedad civil empieza a cuestionar la actuación del gobierno”

Por Eros Ortega Ramos*

El terremoto del pasado 19 de septiembre del año en curso no únicamente fue
catastrófico para México desde el ámbito material (referente a la infraestructura
con la que cuenta el país), sino desde el ámbito político-administrativo también
(referente al modo de actuar del gobierno ante este tipo de situaciones). El
movimiento telúrico de 7.1 grados en escala de Richter le recordó a la nación lo
lejos que está de las grandes potencias en cuanto a protocolos de seguridad se
refiere. Un ejemplo de esto se pudo apreciar en el colapso de varios edificios en
zonas específicas de la Ciudad de México, que para sorpresa de sus inquilinos,
quedaron reducidos a escombros a pesar de haber tenido menos de 30 años de
antigüedad. Pero el caso más representativo de este punto es el ahora famoso
Colegio Enrique Rébsamen, ubicado en la Delegación Tlalpan, que ante la
violación de todas las medidas de seguridad y prevención obligatorias ante un
siniestro, operó con total impunidad con el permiso del Gobierno de la Ciudad. Las
fatídicas consecuencias lamentablemente cobraron vidas de inocentes.
Ahora, retomando el atraso de México en este rubro, para entrar en contexto
vamos a remontarnos al mes de marzo del año 2011, en Japón, ya que a las 14:46
horas del día 11 se suscitó un terremoto de 9.0 grados, convirtiéndose así en el
más intenso registrado en toda su historia, y el cuarto más fuerte registrado en el
mundo. Por si esto fuera poco, el terremoto provocó un tsunami que causó más de
12,500 personas desaparecidas y casi 9000 fallecidas. Pese a esto, el proceso de
reconstrucción del país de la tecnología por parte de su gobierno se implementó
en poco tiempo, y hoy, seis años después, prosiguen las tareas para dejar atrás
los efectos de la catástrofe. Ante esto, el primer ministro nipón, Shinzo Abe, afirmó
que la reconstrucción sigue en marcha, entrando así en una nueva fase; la de
terminación.
¿Ahora se imagina si México hubiera experimentado un movimiento telúrico de
esa intensidad? ¿Cuál habría sido la magnitud de los daños? Yo pienso que
descomunal, más por la mediana respuesta de las autoridades ante este tipo de
adversidades. Con esto me refiero al gobierno rebasado que tenemos en
momentos de crisis históricas como la actualmente vivida. Y no me refiero
únicamente a aquellas que tienen que ver con el estancamiento de la economía,
sino también a aquellas que aparecen cada vez que hay huracanes, trombas,
terremotos y demás fenómenos naturales inevitables; las humanitarias.
A estas crisis habría que aumentarles las políticas, reflejadas en la enorme
corrupción que impera en gran parte de las instituciones públicas de este país, ya
que de acuerdo a información emitida por el Colegio de Arquitectos de la Ciudad
de México, el gremio encargado de la construcción tiende a llenarse de este

cáncer que cada vez se expande más, el cual se ve reflejado en precios de venta
elevados, mala calidad de los materiales utilizados e incumplimiento de las normas
de edificación. A tal grado ha llegado este cáncer, que hasta con Poliestireno
expandido, mejor conocido como “unicel”, se construyeron inmuebles vendidos en
más de un millón de pesos, que como era de esperarse, a lo pocos segundos del
terremoto se vinieron abajo.
En la cultura del mexicano desde hace muchos años se ha desarrollado el hábito
del altruismo; esto puede verse ejemplificado en las muestras de solidaridad que
en muchos puntos del país se han hecho presentes con los damnificados por el
sismo de hace unos días. Como ya lo he mencionado en artículos de opinión
anteriores, en ningún momento he sostenido que deba desprestigiarse la imagen
de aquella gente que a lo largo de estos días se ha ofrecido de manera voluntaria
para ayudar a los damnificados, al contrario, considero que su actuar ha resultado
admirable y que no únicamente merecen el agradecimiento simbólico por su labor,
sino inclusive hasta la remuneración económica por el sacrificio que han llevado a
cabo para todo ese porcentaje de la población que perdió todo. Más bien, lo que
intento explicar es que, desde mi muy particular punto de vista, esta cultura
altruista que se ha venido desarrollando de manera considerable desde el
terremoto de 1985 en gran parte de los mexicanos, ha reforzado la actitud pasiva
del Estado ante catástrofes de esta naturaleza.
En otras palabras; el altruismo de la sociedad civil, manifestado en
donaciones monetarias y de víveres, apoyo psicológico, guardias y labores
de búsqueda, ha exentado de responsabilidades al Gobierno Federal. Tan es
así que el propio Enrique Peña Nieto, sin temor a errar como de costumbre, les
propuso a pobladores del municipio de Villaflores, en el estado de Chiapas, que se
pusieran a trabajar en equipo para la reconstrucción de sus viviendas después del
terremoto de septiembre. Pero no sólo lanzó esa recomendación, sino que
también los invitó cordialmente a organizar “tandas” para que de manera conjunta
realizaran la labor de constructores, de acuerdo al nivel de prioridad que las
familias afectadas tuvieran. O sea que, aquellas familias más afectadas serían las
primeras en gozar de los beneficios de la “tanda”, seguidas de las menos
afectadas y así sucesivamente: “Creo que si se organizan, a modo de tandas,
como suele decirse, se organizan cuatro familias y deciden entre todos construir la
primera casa, se sortean la de quién, luego la que sigue y la que sigue y así las
cuatro casas” (AnimalPolítico, 08/X/17).
Irónicamente, es el propio pueblo es el que tiene que sacar a su mismo pueblo
de la catástrofe, haciendo uso de sus recursos, cuando en teoría, es el Gobierno
quien tiene la obligación de velar por el bienestar de su gente. Por otra parte,
tampoco puedo decir que la Presidencia de la República se ha quedado con los
brazos cruzados, ya que no es así, debido a que desde el pasado viernes 6 de
octubre ha venido desarrollando un plan piloto de acción para comprobar que “una
vivienda digna y decorosa con dos cuartos” (en sus propias palabras), puede ser

reconstruida con la cuantiosa cantidad de 120,000 pesos. Y no sólo eso, ya que a
través de un comunicado informó que ésta fue la primera de cuatro entregas, así
que aún faltan más beneficiados por contar, por lo que habrá que esperar los
frutos de estos planes, apoyados en esas tandas prometedoras.

Correo electrónico: sociologia_uameros@hotmail.com

Comentarios