Psicología

El límite entre intentarlo y acosar tras la separación

Entre quienes intentan y acaban acosando a su expareja dominan los hombres envidiosos, celosos y profundamente egoístas.

Un deseo no cambia nada. Una decisión lo cambia todo”

Las situaciones de acoso suelen aparecer tras la ruptura sentimental en una pareja, en la separación, e incluso a veces, tras el divorcio. En muchas de estas ocasiones la búsqueda de la segunda oportunidad, en la que se jura y perjura que todo va a cambiar, viene acompañada de presión y hostigamiento. Entre seguir intentando recuperar a la persona “amada” y acosarla puede que no exista ni la distancia de un paso.

Recuperar una relación rota no es nada fácil. La pérdida de confianza es un hecho que socaba los cimientos de cualquier vínculo afectivo, devasta la convivencia. No obstante cabe decir que aquello de “segundas oportunidades nunca fueron buenas”, no siempre se cumple. En ocasiones volver a restablecer una buena relación de pareja es posible, se produce, siempre que llegar a esa decisión sea un acto consciente, libre y consensuado. El problema aparece cuando en el empeño de recuperar al otro, prestamos más atención en atender nuestras necesidades que la de la otra persona.

El acoso psicológico tiene muchas maneras de manifestarse, desde el poder y los privilegios hasta las creencias posesivas sobre las personas. En general, en las rupturas de pareja y en las decepciones de recuperación, se produce una combinación de poder, posesión, inseguridad y dependencia por parte de quien acosa. Cuando estas conductas se enconan se produce el maltrato psicológico y el abuso emocional. El acoso psicológico suele ser antesala de maltrato físico y violencia de género.

Seguir intentando recuperar a la pareja, tiene unos límites muy determinados que hay que saber diferenciar, si se sobrepasan lo más probable es que estemos actuando de forma acosadora.

Entre quienes intentan y acaban acosando a su expareja dominan los hombres envidiosos, celosos y profundamente egoístas. Se trata de personas que no aceptan un “no” o un “adiós” por respuesta. En ocasiones esta conducta se manifiesta a través de una violencia sorda, muda, invisible a la familia y al entorno. Su objetivo minar la estabilidad emocional de la otra persona y recuperar la situación anterior a la ruptura a base de sufrimiento, intimidación, culpabilización y desvalorización.

Pero ¿qué hacer?

Cuando el comportamiento acosador se convierte en algo obsesivo, pretender solucionarlo por la vía del diálogo y la negociación, en algunos casos no sólo es inútil, sino que además resulta peligroso.

En estos casos lo único viable es buscar asesoramiento y amparo legal, que permita actuar con eficiencia sobre la persona acosadora. Se trata de un problema muy complejo, ya que si bien en algunos países existe legislación clara contra el delito de intimidación y amenazas, en otros, especialmente las mujeres, están desamparadas.

En cualquier caso iniciar un nuevo sistema de vida puede ser la mejor manera de que, finalmente, el acosador desista de sus pretensiones. Estar pendientes de cómo actúa esta persona y anticiparnos a sus actuaciones, es la mejor manera de prevenir el acoso.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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