Nacional

El caso Marco Antonio Sánchez Flores

¿Qué hay detrás de la desaparición del menor?

El día martes 23 de enero del año en curso, el joven Marco Antonio Sánchez Flores, fue detenido por policías mientras se encontraba fotografiando un mural en las inmediaciones del Metrobús, -El Rosario-. Sánchez Flores, de 17 años de edad, es estudiante de la Preparatoria No. 8 de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la cual según información de –Radio Fórmula-, desde las primeras horas del día 29 de enero se declaró en paro de labores como acto de protesta debido a la detención y desaparición arbitraria de su compañero.

Durante más de cuatro días, el estudiante estuvo en calidad de desaparecido, hasta que el día 28 de enero fue localizado en el municipio de Melchor Ocampo, en el Estado de México, en un estado deplorable con marcas visibles de tortura. Afortunadamente, el reporte de desaparición de Marco Antonio levantado por sus padres tuvo resultados positivos, debido a que solicitaron el apoyo de varias instancias. En este caso, fue el Centro de Atención de Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA) el cual realizó una ficha de extravío que comenzó a difundirse a partir del 25 de enero. Ya con la ficha en difusión, las principales redes sociales dieron inicio a una presión hacia el Gobierno de la Ciudad para que de manera inmediata se pronunciara ante el caso del estudiante: “Incluso la UNAM y la ONU se pronunciaron sobre el caso, pues familiares y amigos convocaron a una marcha en el Ángel de la Independencia para denunciar la desaparición del joven” (ElUniversal, 29/I/18).

Lo que provoca muchas interrogantes fue su polémica detención y pronta aparición posterior poco después de que el Jefe de Gobierno de la Ciudad, Miguel Ángel Mancera, diera a conocer en una rueda de prensa que decenas de elementos de seguridad se encontraban realizando tareas de búsqueda ante la sospechosa desaparición del menor. Recapitulando de manera breve los hechos, el día domingo 28 de enero, alrededor de las 20:40 horas, el Secretario de Seguridad Pública Capitalina, Hiriam Almeida, dio a conocer que Sánchez Flores fue puesto en libertad por un Ministerio Público en el municipio de Tlalnepantla, en el Estado de México. Empero, aproximadamente a las 21:30 horas, el menor fue encontrado en el fraccionamiento de –Los Álamos-, en el municipio de Melchor Ocampo, como se había señalado anteriormente, también en el Estado de México en donde sus padres se trasladaron a recogerlo. No obstante con esto, además de que Marco Antonio presentaba lesiones considerables en su cabeza, no recordaba su nombre y cojeaba, debido a que sus pies se encontraban lastimados a causa de la ausencia de calzado.    

En una entrevista con la periodista mexicana, Carmen Aristegui, el padre del menor relató que tras los acontecimientos de los cuales fue víctima su hijo, éste se encuentra actualmente en el Hospital Psiquiátrico Infantil -Dr. Juan N. Navarro-, en donde ya le fueron realizados distintos estudios para determinar qué daños sufrió en los más de tres días que estuvo desaparecido. De la misma manera, el señor comentó que los doctores que han canalizado al muchacho a lo largo de estos días aseguran que pese a la variedad de moretones en sus piernas y rostro, no presenta daños físicos graves, sin embargo, el daño psicológico sufrido sí es muy severo: “No coordina bien las cosas, habla como si estuviera hablando solo para él… No sabe lo que le sucedió”, afirmó en la entrevista.

Hasta este punto, dos de las principales preguntas que surgen del caso son: ¿Bajo qué condiciones y de qué manera fue trasladado el joven hasta el ministerio público? Y ¿Cómo es que apareció hasta la colonia mencionada en el Estado de México, si fue detenido en una delegación de la Ciudad de México? Porque además de que no se ha aclarado quién o quiénes golpearon al muchacho en reiteradas ocasiones, tampoco se ha aclarado hasta ahora en dónde estuvo los más de tres días que llevaba desaparecido ante las autoridades.    

Para finalizar, es importante señalar la descomposición que el caso de Marco Antonio representa en uno de los sectores más importantes de la sociedad; el de la impartición de justicia. Lo peor es que en esta ocasión, no únicamente se detuvo de manera arbitraria a un menor, sino que también se le criminalizó, al grado de desorientarlo tremendamente debido a la tortura psicológica que le fue practicada. Marco Antonio ni siquiera recuerda qué fue lo que le sucedió en manos de “policías” que lo sometieron al más puro estilo de un delincuente con antecedentes penales.

Y escribo –policías- entre comillas porque desde hace muchos años en este país, el símbolo de autoridad, personificado en la figura de un policía, ha sido poco a poco reemplazado por una imagen de peligrosidad. Evitando generalizaciones, por supuesto. Esto quiere decir que gran parte de la ciudadanía ha modificado el concepto que tenía respecto a la policía; de un sector que velaba por la seguridad de la gente, a un sector que vulnera y pone en riesgo la seguridad de la misma.

¿Cuántos de nosotros no se han sentido amenazados en vez de protegidos por parte de la policía? Y es que han sido tantos los casos de corrupción y nexos con criminales por parte de este sector, que resulta inevitable no preocuparse cada vez que un elemento de seguridad se acerca a nosotros. Y aclaro, no digo que no existan policías honorables, ya que los hay, lo que sostengo es que cada vez escasean más en nuestro país.

Un servidor ha experimentado en carne propia la injusticia y brutalidad de las autoridades en casos donde ha sido solicitado su apoyo, por lo tanto, me solidarizo totalmente con los padres, familiares y conocidos de Marco Antonio que, aseguro, deben de experimentar ira, frustración e indignación en estos momentos. Esperando que se castigue a los responsables de semejante barbarie en contra del estudiante, expreso mi tristeza y hartazgo de un sistema que se encuentra podrido hasta las raíces.

Si es que se espera que un caso como el de Marco Antonio no se vuelva a repetir en un futuro, la policía debe de ser reestructurada desde sus cimientos, castigando todo acto de corrupción que involucre elementos de ambos bandos y garantizando la seguridad de la población, más cuando se trate de sectores sociales vulnerables.

Gracias por su lectura.

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Eros Ortega Ramos

Licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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