Eros Ortega Ramos

El caso de “Lesby” y la cultura de la violencia

“Cuando se criminaliza a la víctima por su propia desgracia”

El día 03 de mayo del año en curso, personal encargado de la vigilancia en Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México, halló el cuerpo sin vida de una mujer a las afueras del Instituto de Ingeniería, en la Ciudad de México. La máxima casa de estudios informó mediante un comunicado que al momento del hallazgo, el cadáver se encontraba amarrado a una caseta de teléfono público, por lo que se dio aviso de inmediato a las autoridades correspondientes. Horas más tarde, la Procuraduría Capitalina dio a conocer que la mujer de aproximadamente 25 años de edad, fue encontrada ahorcada con un cable de teléfono alrededor de su cuello. Por otra parte, la dependencia aclaró que se encontraba trabajando para dar con la identidad de la víctima, ya que ésta no contaba con alguna identificación, además, se había dado inicio a una carpeta de investigación por dicho homicidio, por lo que el protocolo de feminicidio había sido activado.

El día 04 de mayo del año en curso, la Procuraduría Capitalina informó que la joven hallada muerta en Ciudad Universitaria se llamaba Lesby Berlín Orozco Martínez, tenía 22 años de edad, no estaba registrada como estudiante de la Universidad, y fue identificada gracias a testigos cercanos a ella que desde ese día rindieron su declaración en la agencia del Ministerio Público de la Coordinación Territorial de Coyoacán 1, en donde se está llevando a cabo la investigación por el delito de homicidio. De acuerdo a estas primeras declaraciones, horas antes del hallazgo, la joven asesinada estuvo dentro de las instalaciones de CU junto con su novio hasta las 4:00 AM. El que fuera su pareja, según sus propias declaraciones, labora como eventual dentro del área de intendencia de la Preparatoria 6. Por otra parte, conforme a lo declarado por la Procuraduría: “A esa hora, él (el novio de la joven) decidió retirarse y fue seguido por ella; sin embargo, tras una discusión se separaron y no volvió a saber de su novia hasta que le informaron que ésta había fallecido” (AnimalPolítico, 04/IV/17). De la misma manera, las autoridades que están llevando el caso han señalado que siguen interrogando al muchacho, y que se encuentran en espera de los resultados de mecánica de hechos y lesiones y química sanguínea que pronto arrojarán los primeros resultados.

Lo que diferencia a este asesinato de los demás es que no puede tomarse como un caso aislado, ya que hace algunos días fue encontrado el cuerpo de un hombre muerto en la colonia Pedregal de San Nicolás, en la delegación Tlalpan, con características similares a la joven de CU; también de 22 años de edad, amarrado a una caseta telefónica con un cable en el cuello. La diferencia es que en la Ciudad de México, la recurrencia de los homicidios aún no es tan grave como en el Estado de México, además de que a todas luces es una problemática que ha sido minimizada por el Gobierno de la Ciudad y por los medios de comunicación.

Como respuesta a la indignación suscitada por el asesinato de la joven, agrupaciones feministas y estudiantes de la UNAM convocaron a una movilización que se llevó a cabo el día 05 de mayo alrededor de las 2:00 PM a las afueras de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), para exigir a las autoridades capitalinas que refuercen sus medidas de seguridad para las mujeres que se encuentran tanto durante el día como hasta altas horas de la noche dentro de las instalaciones de la Universidad.

Pero lo que más que indignar a gran parte de la sociedad mexicana, provocó la ira de la misma, fue la respuesta que las autoridades brindaron en Twitter respecto a la joven estrangulada, tachándola de “mala estudiante”, “cuidadora de perros”, “alcohólica”, “drogadicta” y hasta “concubina”: ““Su madre y su novio aseguraron que ella no estudiaba desde 2014, y dejó sus clases en CCH Sur, donde debía materias” y “El día de los hechos, la pareja se reunió con varios amigos en CU, donde estuvieron alcoholizándose y drogándose”, fueron los tuits difundidos la tarde de ayer por el área de prensa de la PGJ y que horas más tarde fueron borrados por instrucciones mismas del titular de la dependencia, Rodolfo Ríos Garza, tras el escándalo que provocaron los tuiteros” (Proceso, 05/V/17). Esto pone de manifiesto de manera implícita que mediante los adjetivos anteriormente expuestos, la instancia encargada de garantizar –justicia- buscó manchar la imagen de la víctima, dando a entender que la responsabilidad de su propia muerte se debía a la reproducción de malos comportamientos que “facilitaron” su asesinato, en otras palabras: Un comportamiento indebido ante el juicio de la sociedad fue una de las principales causas de su muerte. Como era de esperarse, la madre de la difunta, Araceli Orozco, negó tales acusaciones de manera radical: “Mi hija no era ni una alcohólica, ni una drogadicta, ni una pasea perros, como quisieron hacerlo ver” (Proceso, 05/V/17).

Ante la ola de críticas que despertaron tan lamentables declaraciones, es muy importante poner sobre la mesa dos situaciones para su reflexión:

  • El feminicidio es una problemática social que debe de ser atendida de manera urgente por las instancias correspondientes en la Ciudad de México, antes de que las estadísticas del horror empiecen a incrementarse como hasta la fecha se han incrementado en el Estado de México y

 

  • La cultura de la violencia se sigue reproduciendo de manera alarmante, tanto por parte de las autoridades, como por parte de la misma sociedad civil.

Del mismo modo, en las principales redes sociales se pudieron leer diferentes mensajes de indiferencia, burla y desprecio que los internautas refirieron hacia la asesinada desde el día que se dieron a conocer más detalles del caso. Lo preocupante es que gran parte de dichos mensajes, de manera explícita, hacían responsable a Lesby Berlín de su propia muerte, aún sin conocer el móvil del crimen. O sea que, el juicio social se ejerció y se sigue ejerciendo hacia una mujer ya sin vida, sustentado en declaraciones subjetivas y etiquetas relacionadas a comportamientos antisociales y desviados. En resumen, se repite la práctica de la violencia en juicios que, en el peor de los casos, se convierten en aseveraciones infundadas. Y pese a que todavía quedan muchas preguntas por responder por parte de la instancia penal encargada de dar con el o los responsables de tal atrocidad, la realidad es que aún con pruebas fehacientes, nada justifica la criminalización de la cual ha sido víctima la joven, así como el privar de la vida a un ser humano, trátese de un hombre o de una mujer.

Gracias por su lectura.

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Correo electrónico: sociologia_uameros@hotmail.com

*El autor es licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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Eros Ortega Ramos

Licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana.
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