Julián Puente

El aborto un problema de salud pública y social

PUNTO EXACTO

Un tema tan complejo debe hacernos reflexionar y discutir de forma permanente. Esto, porque está involucrada la cuestión de la vida y la muerte, o más directamente, de dar vida o de matar, y todas las repercusiones emocionales que aquello implica. En los últimos días hemos sido testigos del gran alboroto social y cibernético que ha causado el tema del ABORTO, sobre todo por despenalizarlo, cuando menos en Quintana Roo. Según un informe reciente del Guttmacher Institute, aborto a nivel mundial: América Latina y el Caribe es la región con las tasas de aborto y embarazo no planeado más altas en el mundo, a pesar de que el 97% de las mujeres vive en países con leyes de aborto restrictivas destinadas a evitar y castigar estos procedimientos. Lo cierto es que  contrario a la idea de que solo la mujer joven que “no se cuida” es la que aborta, estadísticamente un número importante de mujeres que tienen que acudir a este procedimiento son casadas o de edades que oscilan entre los 25 y 40 años de edad.

Diversos son los debates en torno al aborto que llevan tras de sí acuerdos políticos, ideológicos, jurídicos y hasta morales, que determinan el lineamiento de cada sector en debate, desde la iglesia, partidos políticos, equipos de salud, hasta la misma ciudadanía que ha empoderado su rol de manifestarse por el derecho a decidir. El ser mujer siempre les ha dolido ya sea pariendo, abortando o negándose a concebir, no tienen salida; de todos modos ellas condenan a la humanidad a morir o a no existir, y ese principio existencial y por demás fatal del pecado es el que cargan solo las mujeres como una lápida. Pero también el obligar a una mujer a llevar su embarazo a término en contra de su voluntad puede ser una tortura, a la cual ninguna mujer debiera estar sometida. El feto, por su parte, es una vida humana que a medida que se desarrolla cobra más valor sentimental y desde luego humano.

Tratemos de ponernos en el lugar de quien valora la vida del feto tanto como la de un recién nacido. Si la vida del feto la considerásemos tan valiosa como la de un recién nacido, entonces es evidente que nos opondríamos al aborto, de lo contrario estaríamos aprobando el homicidio de recién nacidos. Lo cierto es que encarcelar a las mujeres que interrumpen sus embarazos no contribuye a reducir la cantidad de abortos; solo hace que sean menos seguros. De hecho, la Organización Mundial de la Salud estima que la tasa promedio de abortos inseguros en el mundo es cuatro veces mayor en países con leyes sobre aborto más restrictivas que en países donde estas son menos restrictivas. Por otra parte, la criminalización del aborto en circunstancias extremas como cuando el embarazo es resultado de una violación sexual, esa es una respuesta inhumana que pone en riesgo la vida y la dignidad de mujeres y niñas. Todos tenemos opiniones morales y religiosas muy diferentes sobre cuándo empieza la vida, y acerca de si el aborto es compatible con ese criterio. Sin embargo, el Estado debe legislar en términos generales, tomando en consideración las implicancias jurídicas y de salud pública si se niega a las mujeres y niñas el acceso a un aborto que puede salvar su vida o preservar su salud.

Comentarios
Etiquetas

Julián Puente

Julián Eduardo Puente Sánchez; es periodista y columnista de quintana roo desde hace 15 años. Ha trabajado en distintos medios de comunicación. Actualmente se desempeña como titular de la 2da emisión de Sipse Noticias Radio, coordinador del Periódico la Voz de Quintana Roo en la zona sur y director de comunicación social de la delegación del ISSSTE en el estado así como de colaborar para diversas páginas informativas.
Cerrar