Eros Ortega Ramos

Donald Trump, su rechazo a la transexualidad y la radicalización de la ideología de género

A finales de julio del año en curso, Donald Trump acaparó nuevamente los reflectores de la opinión pública al ser acusado de discriminación por haber anunciado en su cuenta de Twitter que no iba a aceptar, ni a permitir, que las personas transgénero sirvieran en el ejército de su país. Según sus propias declaraciones, su decisión final fue tomaba tras haber consultado las opiniones de generales y expertos militares en la materia: “nuestras fuerzas armadas deben centrarse en la victoria decisiva y arrolladora, y no pueden ser lastradas con los enormes costes médicos y la perturbación que implicarían los transgénero” (20minutos, 26/VII/17).

Es importante recordar que antes de que Trump llegara al poder, se estimaba que alrededor de 2,500 y 7,000 personas transgénero se encontraban en servicio activo en los diferentes rubros de las fuerzas armadas estadunidenses, con total apoyo económico por parte del Estado para sus respectivos tratamientos de hormonas y demás procedimientos quirúrgicos que el cambio de sexo trae consigo.

Antes de continuar, considero necesario especificar la diferencia entre una persona transexual y una persona transgénero. De acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, la transexualidad se define como “dicho de una persona que se siente del sexo contrario, y adopta sus atuendos y comportamientos” o “que mediante un tratamiento hormonal e intervención quirúrgica adquiere los caracteres sexuales del sexo opuesto“. Por otra parte, el término transgénero, aunque todavía no aparezca en el diccionario de la RAE, hace referencia a aquellas personas cuya identidad de género, expresada en su comportamiento, modo de vida, vestimenta, ideología, etc., no se ajusta a aquella generalmente asociada a su respectivo sexo con el cual nació. En otras palabras, la identidad de género hace referencia a la manera como se identifica a sí misma una persona, ya sea como hombre o como mujer, independientemente de las características biológico-sexuales con las que dicha persona nace, o sea que, se refiere a la libertad de creerse hombre o mujer si se quiere.

Retomando el tema que nos atañe, en el mes de junio del año 2016, el Departamento de Defensa de EEUU eliminó el veto a personas transexuales que desearan integrarse a sus filas, ordenando así a los servicios médicos militares a proporcionar de manera obligatoria cualquier tratamiento hormonal para todo aquel soldado que deseara someterse al mismo. De esta forma, se calculó que alrededor de 200 soldados solicitarían este procedimiento de manera anual. El problema fue que, de acuerdo a un informe de la AMA (American Medical Association), quedó demostrado que muchos doctores asignados para asistir el tratamiento no contaban con la preparación necesaria para llevar a cabo el procedimiento.

La polémica se acrecienta cuando se recalca la exponencial difusión que la llamada “ideología de género” está teniendo en los últimos años a nivel político, jurídico, social y cultural. Y es que aunque este tipo de colectivos sociales cada vez se acrecientan más, aún existe una mayoría que no está de acuerdo con los ideales y las demandas que muchos de estos manejan. Un ejemplo de esto es la opinión emitida por la Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Navarra, Ángela Aparisi Miralles, como invitada en el XIII Congreso Católicos y Vida Pública en la Universidad CEU San Pablo, en la que participó en la mesa: “Laicismo e ideología de género”.

En su intervención, la también Catedrática de Bioética por la Universidad del Istmo, realizó una exposición de ésta ideología, argumentando que la radicalización se ha vuelto una constante en este tipo de temas: “La ideología de género es una radicalización del feminismo de la igualdad, a la que se han unido otras influencias, entre ellas el marxismo”, dijo. Aunado a esto, también aseguró que en países como España, la ideología de género está influyendo en rubros difícilmente penetrables como el jurídico, al mencionar las distintas leyes que en los últimos años se han aprobado a favor de este grupo social. Asimismo, se refirió al culturalismo como una ideología que de manera intencionada está orillando a suprimir en su totalidad a la biología, en cuanto a temas de sexualidad se refiere. Para ella, el culturalismo es la “idea de que el ser humano es un producto de la cultura, una autoconstrucción”, por lo tanto, desde su interpretación, la llamada ideología de género pretende percibir al ser humano como un ser neutro, ya que únicamente la sociedad, la libertad individual y la educación (o sea, la cultura), determina en su totalidad todas y cada una de las diferencias y roles sociales que se le adjudican a las personas, independientemente de sus características biológico-sexuales que poseen desde su nacimiento.

Y para echarle más leña al fuego, Aparisi también sostuvo que a partir de esta concepción de la realidad desde el ámbito meramente cultural, en los últimos años la expresión género ha luchado por sustituir al término sexo. Empero, aunque la promoción de identidades, la libertad de creencias y la exigencia de tolerancia se apoye en la cultura, el sexo distingue y seguirá distinguiendo al hombre de la mujer, recalcando su independencia entre ambos y su diferenciación genética.

La realidad es que el ser humano no únicamente está determinado por la biología, ya que si hablamos de radicalismos, sería un absurdo aseverar tal dicho, más bien la cultura como construcción social es un entramado de ideas que, a lo largo de miles de generaciones, ha forjado ideologías, interpretaciones y puntos de vista que han dotado de identidad a las personas. Dicho esto, es necesario exponer que la radicalización de la que tanto se habla en este breve artículo de opinión, está siendo reproducida constantemente por algunos sectores (ya que no puedo generalizar) que en su afán de exigir inclusión social y un mejor trato por parte de aquellos que no comparten sus puntos de vista, están llevando a cabo, consciente o inconscientemente, una imposición de ideales culturales que lejos están de postulados científicos.

Gracias por su lectura.

Comentarios
Etiquetas

Eros Ortega Ramos

Licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Cerrar