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Cristiano Ronaldo-Real Madrid: historia de una ruptura

Las razones que pueden provocar la salida del club blanco del 'crack' portugués

Cristiano Ronaldo decidió hace tiempo que quería irse del Real Madrid. “Mi cabeza no da para más. Me siento desprotegido. Si me tiro un mes sin marcar, me silban en el Bernabéu y el club comienza a hablar de los sucesores, de otros fichajes”. Ese ha sido su planteamiento vital de los últimos meses. Lo ha ido llevando más o menos bien, con los cuidados paliativos de la medicina del gol. Su apoteosis en la Champions, precisamente en Turín, le calmó hasta que después de tocar la gloria en Kiev, en el mismo césped que terminó de alumbrar la ‘Decimotercera’, explotó de manera intempestiva.

Fue una salida de tono muy típica en su carrera (así pensaban en el club), la enésima niñería de un hombre temperamental y sincero al que siempre le derrotaron los gestos. Las formas que tantas veces le traicionaron no fueron adecuadas, pero sirvieron para reflejar el profundo malestar del delantero portugués, el estandarte de la segunda edad de oro del club blanco, que salvo giro de los acontecimientos jugará en la Juventus la próxima temporada poniendo fin a nueve años de blanco.

Como tantas otras veces, el Madrid le quitó hierro a este asunto tomándoselo como la penúltima travesura de Cristiano. Una pataleta, pensó, mientras seguía dándole vueltas al fichaje de Neymar, una obsesión para Florentino Pérez todos estos años. Cristiano recapacitará. Era la actitud, totalmente equivocada de momento. La pregunta es: ¿Qué llevó a Cristiano a apretar el detonador, a hablar en pasado del equipo con el que acababa de subir al cielo otra vez con la 13ª Copa de Europa?

Cristiano siente que el Madrid le ha ido descuidando progresivamente hasta querer jubilarle en busca de un sucesor, como si el deseo fuera anticipar un declive deportivo que no termina de llegar, pero que encajaría con la planificación de otros proyectos. Cristiano ganaba Champions y Balones de Oro, pero el ‘run run’ era Neymar, una espina clavada de Florentino. Mientras crecía la figura del ‘7’ hasta llegar a unos niveles en los que entraba en la comparación con el eterno ‘9’, Di Stéfano, mito del madridismo, Ronaldo experimentaba una sensación muy extraña: notaba cierto desapego institucional, como si en el club blanco solo cupiera un gran ego. No quería una alfombra roja en Valdebebas pero sí el tratamiento de leyenda que por otro lado ya se le otorgaba.

Después de ganar la Duodécima en Cardiff con dos goles de Cristiano, el club, con una llamada de Florentino, le prometió una mejora de contrato que nunca llegó. Hasta diciembre, Ronaldo jugó con ese ardor de estómago. Dos momentos casi le llevan a la úlcera. En pretemporada, el plan diseñado por su grupo de colaboradores consistía en arrancar a tope para intentar jugar a gran nivel hasta diciembre, recargar pilas en enero y terminar la temporada en plan estelar como en 2017.

Cristiano se estrenó en la Supercopa de Europa y deslumbró en el Camp Nou en la Supercopa de España hasta la polémica segunda amarilla que le costó la expulsión, y un partido automático de suspensión, y su torpe reacción posterior a la hora de empujar al árbitro De Burgos Bengoetxea, por la que fue sancionado cuatro partidos más. El club recurrió. Pero sólo Zidane dio la cara por él con aquello de “ahí pasa algo”, quizá la única rueda de prensa ‘mourinhesca’ de Zizou. Nadie del club levantó la voz ante lo que Cristiano vio como una injusticia. Sólo Zidane, de ahí el respeto reverencial que tenía Cristiano por el entrenador francés, un vínculo que ha desaparecido ya.

Después, el Madrid se fue dejando la Liga en esos primeros partidos sin su goleador de referencia, que no estuvo bien en la primera vuelta. Pero llegó diciembre y su proclamación como Balón de Oro. Tampoco hubo noticias de la mejora del contrato. El club pensaba que esa zona valle en el rendimiento del delantero era ya definitiva mientras seguía poniendo ojitos a Neymar. No sólo proclamaba que tenía dinero en caja para acometer un fichaje de tanta envergadura como el de Ney mientras aplazaba la subida de sueldo a su leyenda. En la gala de París, Florentino seguía haciendo guiños a la estrella brasileña, también presente en el acto. “Si quieres ganar el Balón de Oro, vente al Madrid”, dijo antes de que Cristiano levantara el trofeo otra vez. Aquello resultó incomprensible para Ronaldo.

Cristiano ya estaba en boca de todos por sus problemas con Hacienda. Ahora se han resuelto con la aceptación de una multa de 18,8 millones y dos años de cárcel por fraude fiscal. Esto significa que a partir de ahora cualquier delito del portugués significaría su ingreso en prisión. El escándalo lo destapó El Mundo el 25 de mayo de 2016. El 14 de junio, 20 días después, el club blanco emitía un comunicado arropando al portugués. El afán del Madrid por desvincularse de los problemas de Cristiano, en el camino inverso al que recorrió el Barça con Messi, molestó mucho a Ronaldo, que ya ha resuelto este problema por sí solo, pero con la sombra de la cárcel.

Todo esto fue erosionando la relación entre Cristiano y Florentino, ahora rota. El jugador seguía cumpliendo años y haciendo historia, y el presidente, que intentó materializar la mejora de contrato una semana antes del Mundial (un año después de la llamada), buscaba otro héroe. El club parece haber visto ahora las orejas a la posible marcha de su ‘jugador franquicia’. Y empezará el cortejo para mostrar el respeto perdido. ¿Será tarde?

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