Psicología

Confianza

No somos extraterrestres, ni adivinos, así que en nuestro afán de dar confianza y recibir confianza mutua, podemos errar.

Desde la psicología se ha estudiado mucho el fenómeno de la confianza, sin embargo, todavía tiene dificultades para definirla. Lo habitual es considerar la confianza como la seguridad que tenemos en otra persona, en algo, o en uno mismo; y que nos permite actuar de forma correcta en situaciones determinadas. Casi todos los seres vivos la desplegamos como una cualidad, especialmente los humanos. La confianza nos facilita entender la forma en que nos relacionamos. Es el antídoto de las incertidumbres de los pensamientos y acciones que realizamos o realizan otros y nos afectan. Pero la confianza es, sobre todo, una construcción humana orientada al bienestar.

Hace tiempo, en una conferencia del profesor Massip, de la Universidad de Salamanca, me quedo meridianamente claro que los humanos somos capaces de detectar más la verdad que la mentira.  Somos seres emocionales y confiados en una cultura de la mentira (como escribía José Saramago). Cuando vivimos experiencias envueltas en mentiras sufrimos tal agotamiento emocional que nos volvemos seres desconfiados, ansiosos y con tendencias depresivas.

Y es que lo peor de la confianza es…perderla. En ocasiones, nos sorprende haber confiado en la persona equivocada, y en otras, nos arrepentimos de habérsela retirado a alguien sin causa razonable para ello. En ambos casos no solemos salir bien parados. Pero, con todo, lo más difícil de llevar es la pérdida de confianza en uno mismo.

No somos extraterrestres, ni adivinos, así que en nuestro afán de dar confianza y recibir confianza mutua, podemos errar. Errar es tan humano como la propia confianza que depositamos en otros y en nosotros mismos. La pérdida de confianza genera inseguridad, miedo y limita nuestro potencial. Afortunadamente, recuperar y ganar confianza es una habilidad que se aprende.

Recuperar la confianza es algo parecido a cruzar un puente colgante. Sí, de esos que parecen cogidos por dos hilos y están a enorme altura sobre un abismo. Cuesta dar el primer paso, o lo que es lo mismo, tenemos miedo a fracasar. Intentar cruzarlo, recuperar la confianza, requiere de una decisión consciente y firme de cambios. Para empezar, deshacerse del halo de victimismo que nos insufla la percepción de haber sido traicionados en nuestra confianza; regocijarse en viejas heridas no ayuda en nada. Intentar ver los aspectos positivos en una pérdida de confianza, por ejemplo, la comprensión de los motivos que llevaron a ello, nos facilita el esfuerzo de avanzar. Aprender a perdonar y a perdonarnos, mostrar empatía y relativizar forman parte de un buen plan para recuperar la confianza, especialmente la que perdimos en nosotros mismos.

“Fuimos magia, porque desconocíamos los trucos” Blas Ramón.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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