Psicología

Castillos en el aire

Las expectativas tienen, también, mucho que ver con lo que nos han hecho creer y con lo que nos hemos creído.

Las expectativas son las autoras intelectuales de los castillos en el aire#blasramon

Las expectativas son producciones mentales creadas a la medida de nuestras propias carencias o de nuestras más deseadas ilusiones, pero que, al estar fuera de nuestro control, convertimos en creencias. Situaciones de expectación en las que deseamos que algo pase de determinada manera, o que no ocurra nunca, por lo que tienen que ver más con el afán de control de explorar lo que pasa y cómo sucede, que con la confianza.

Las expectativas consiguen que basemos nuestra vida en la espera. No nos facilitar avanzar hacia lo que queremos, antes al contrario. La expectativa es solo una idea depositada sobre las personas, el entorno o las circunstancias, con la esperanza que nos devuelva lo que queremos o necesitamos. Conviene no confundir con la motivación, que es un mecanismo interior que sí podemos manejar nosotros y nos aporta un impulso real para alcanzar las cosas que nos proponemos.

Si quieres una decepción segura, crea expectativas.

A veces pasa mucho tiempo y algunas frustraciones importantes hasta entender que a las expectativas conviene no tomarlas muy en serio. La medida de nuestros desengaños tiene que ver con el detalle y la magnitud de las expectativas que hemos construido.  Las expectativas son limitadamente poderosas, pero pueden engañar más que las apariencias. No es difícil construir castillos en el aire esperando tener un golpe de suerte en la vida,  que aparezca la relación “ideal”, aguantando por si nuestra pareja cambia, anhelando el trabajo definitivo y hasta confiando en la honestidad de los políticos. Las expectativas nos acompañan toda la vida, forman parte de nuestra cotidianidad.

Las expectativas tienen, también, mucho que ver con lo que nos han hecho creer y con lo que nos hemos creído. Pero, aunque, las expectativas son el fruto de nuestras creencias y de los juicios interiores que nos hacemos con ellas, no solo las engendramos, sino que también padecemos las que pertenecen a otros. Por eso las expectativas a veces las tenemos y a veces nos tienen ellas a nosotros. Sinceramente, no sé qué es peor.  

Sólo a través de la acción la expectativa adquiere algún sentido. Las decisiones que tomamos generan las condiciones necesarias para que un determinado acontecimiento ocurra, o no se produzca. Pero no se trata de cerrar fuertemente los ojos y desearlo con todas nuestras fuerzas, ni convencernos, como pretende Coelho, de que “si quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla”, ofreciendo una visión esotérica de la expectativa muy alejada de la psicología y el humanismo en su sentido amplio. Somos nosotros los únicos que podemos propiciar los cambios necesarios para alcanzar nuestros sueños y deseos. Lo contrario, dejarnos en manos del destino, la suerte o el universo de Coelho, es adoptar una actitud pasiva ante la expectativa, contenga esta oportunidad o adversidad.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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