Nicolás Durán de la Sierra

Cabildo de Cancún, las luchas estériles

Aún no han entendido a cabalidad lo que significa ser regidor y cuáles sus funciones y límites

Jocoso y tropical sainete el que han montado Gregorio Sánchez Martínez y don Isidro Santamaría, regidores ambos de Benito Juárez, en torno a la posibilidad de prohibir la venta de bebidas alcohólicas los domingos en Cancún pues suponen que ello abatirá la violencia domestica. Empero, el primero, el aleluyo, con aires  empresariales, plantea que la ley no contemple a las tiendas departamentales, mientras el otro alega que no, que la ley debe ser pareja para todos y punto.

No obstante, deben hacerse algunas acotaciones a tan distinguidos ediles, paladines los dos de las mejores causas sociales: no hablan de una ley, sino de un reglamento, que no es igual, aunque se acepta que las ideas tienen cierto aire familiar. Claro que sus afanes son loables, pues urge que en Cancún se abatan los ataques a la mujer, pero sus místicos esfuerzos por desgracia están errados, pues sobran los ejemplos de lo inútil de tal medida y de cómo la restricción generó un gran negocio de venta clandestina de alcohol. ¡Ah, pero esto bien lo saben los socarrones…!

El alcoholismo es una enfermedad a la que no le hace meya una licorería cerrada ni la violencia domestica se ajusta a los variados calendarios laborales de una ciudad turística. Pobres, tanto que pugnan por lograr una buena imagen pública o, de menos, desempañar la que tienen, y viene la realidad y los frustra. Ello se debe a que aún no han entendido a cabalidad lo que significa ser regidor y cuáles sus funciones y límites. Bueno, en realidad no son los únicos ediles de este cabildo que andan en las mismas tinieblas.

El ámbito de los regidores está en la vida pública, el regido por la ética, y no en el espacio privado, que es el de la moral, el que compete a la vida privada del ciudadano, como  anotara Juan Jacobo Rousseau. Si el individuo bebe o fuma en su espacio, no compete a los regidores inmiscuirse. Ellos deben trabajar, por ejemplo, en que se respeten los derechos obreros o que se conserven los espacios verdes urbanos, como el Ombligo Verde, aunque mucho parezca que hacen todo lo contrario.
Sin ánimo pedagógico alguno y buscando en todo momento un mayor bienestar de los ediles y en busca de dar  más sabiduría de éstos en lo que se refiere al servicio público, se les invita a leer El contrato social o los principios del derecho político, del ya citado Juan Jacobo Rousseau, que era un filosofo suizo que vivió allá por el Siglo XVII. La obra no es muy larga y hay ediciones ilustradas, para mayor comodidad.

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Nicolás Durán de la Sierra

Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.
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