Así no

Cámbiate - Leocadio J. Martín Borges

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“En asuntos de amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca.” Jacinto Benavente

Puede que nos preguntemos porque nuestra relación de pareja no va. Las cosas no parecen tan divertidas y apasionantes como al principio. ¿Nos estamos dejando de querer?. Esta no es la pregunta que nos debemos hacer. En su lugar quizás sería mejor pensar en lo que estamos haciendo por querernos.

El modelo de pareja que nos han vendido está sustentado, casi exclusivamente, en el logro. Una vez hemos conseguido a la persona que queremos, ya está todo hecho. Aquí es donde comienza el final de una relación. ¡Si! justo en el momento en el que creemos que estaba comenzando.

Al pensar que el objetivo era vivir en pareja, casarnos o comprometernos, no nos planteamos que este, realmente, es el inicio -fascinante-, de un proyecto de vida juntos. Casi no hemos hecho nada. Todo está por ser trabajado.

Este modelo de enamoramiento, que son las primeras fases de una relación, no tiene mucho que ver con el amor que viene luego. Mientras uno está sustentado en una fiesta de hormonas, deseo y fantasía, el otro se convierte en una aventura. Y como tal, tiene sus momentos inolvidables, otros no tantos y circunstancias que lo pueden hacer zozobrar.

El mayor enemigo del amor es el aburrimiento. La sensación de predecibilidad que podemos estar experimentando en nuestra vida en pareja, es una señal de que las cosas no van por donde deben. Empeñemonos en buscar lo nuevo, lo excitante, lo diferente. Y compartirlo.

Otro de los malos hábitos que pueden estar socavando nuestra relación son las suposiciones. Creer que nuestra pareja debe hacer lo que nosotros pensamos. O que está haciendo lo que no queremos que haga. Ambas son una expresión de dependencia emocional. De intento de control de la vida de la otra persona. Una señal inequívoca que algo no va bien.

Debemos comprender que estar en pareja no significa renunciar a nuestra individualidad. Al contrario. Significa decidir estar juntos, desde nuestra propia identidad como personas. Quizás esto no sea suficiente para un amor duradero -hay mucho más, desde luego-. Pero, sin lugar a dudas, es absolutamente imprescindible.

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