Nacional

AMLO: el imparable

Sólo un escándalo de tamaño descomunal o un nuevo fraude electoral, impedirían la llegada de AMLO a Los Pinos

Desde hace meses he estado escribiendo respecto a la trayectoria política y social que Andrés Manuel López Obrador ha venido construyendo a lo largo de estos últimos trece años; desde el intento de desafuero orquestado en su contra como Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal en el año 2005, el escándalo del entonces coordinador del PRD en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), René Bejarano, recibiendo dinero del empresario argentino, Carlos Ahumada, para supuestamente financiar su campaña política, y el fraude electoral del cual fue víctima perpetrado en el año 2006 cuando por primera vez fue candidato presidencial, considerándose como favorito para ganar aquellos comicios, entre otros hechos sobresalientes. Pero, no es hasta estas alturas del partido que el tabasqueño, por tercera vez candidato presidencial (y última según sus propias palabras), había tenido tantas probabilidades de convertirse en el próximo Presidente de México.

Desde la salida de la ex primera dama, Margarita Zavala, de la contienda electoral, el candidato de MORENA a la Presidencia de la República ha crecido constantemente en las encuestas que miden la intención de voto en la ciudadanía. Lógicamente, la proporción estadística en cada una de las empresas encuestadoras varía de acuerdo a la muestra representativa seleccionada, pero lo que es un hecho es que el candidato de oposición que representa a la actual izquierda mexicana se encuentra varios puntos por encima de sus contrincantes.

En el caso de la encuesta realizada por Parametría, por ejemplo, AMLO incrementó su ventaja respecto a sus rivales con un 45% de la intención de voto, esto representa un aumento de seis puntos porcentuales respecto a la última encuesta realizada en el mes de abril por la misma empresa. Lo anterior da lugar a la aplicación de una estrategia democrática por parte del electorado llamada “voto de castigo”, que hace referencia al sufragio que se ejerce contra determinado candidato por razón de la deficiente administración en mandatos previos por parte de su partido político. En este caso, dicho voto de castigo sería aplicado a los dos candidatos más cercanos al puntero en las preferencias; tanto a Ricardo Anaya, que representa al PAN, como a José Antonio Meade, que representa al PRI. Cabe señalar que al candidato independiente, Jaime Rodríguez Calderón mejor ni lo señalamos, ya que representa menos del 8% de la preferencia electoral.

A esto habría que aumentarle el enorme descontento social que han venido acumulando los dos partidos políticos de derecha antes mencionados, que en una estrategia sagaz de parte del ex Jefe de Gobierno, han sido desplazados por un partido joven que logró capitalizar dicho descontento con la intención de extender sus filas de simpatizantes, mediante el convencimiento de que un cambio estructural verdadero únicamente puede lograrse con una mayoría en las urnas: “López Obrador, de 64 años, ocupó el segundo lugar en las dos elecciones presidenciales anteriores. Entonces el temor de que pudiera desestabilizar la economía ayudó a derrotarlo. Esta vez la frustración por la corrupción, el aumento en la violencia y el crecimiento tibio de la economía han ayudado a impulsar su apuesta” (Forbes, 31/V/18).

Por otra parte, de acuerdo a la más reciente encuesta realizada por el periódico Reforma, López Obrador posee una ventaja de 52% de las preferencias electorales. Su más cercano contrincante, Ricardo Anaya, se sitúa en el segundo lugar con 26% de las preferencias, seguido por José Antonio Meade, con apenas 19%: “López Obrador subió cuatro puntos frente al 48 % del sondeo pasado que se realizó a 1,200 ciudadanos realizada entre el 24 y el 27 de mayo” (AnimalPolítico, 30/V/18). Es importante no perder de vista que esta encuesta es en donde más arriba ha aparecido AMLO desde que se supo que volvería a competir de nueva cuenta por la jefatura del Poder Ejecutivo.

Como cada seis años ha venido sucediendo, estos y otros números que posicionan al político con una amplia ventaja rumbo a las elecciones presidenciales han suscitado preocupación en sus contrincantes, que no han desaprovechado la oportunidad para echar mano de las viejas y sucias tácticas de manipulación que por allá del 2006, aseguraban que el candidato era un “peligro para México”. En ese entonces, la televisión abierta a cargo de Televisa y TV Azteca jugó un papel fundamental en la desinformación que como principal objetivo tuvo la propagación del miedo infundado en los electores. Hoy, aquellos grupos de poder que temen perder sus privilegios con la llegada de este líder social, han tenido que modernizar sus técnicas de manipulación, recurriendo a las redes sociales y a las llamadas telefónicas.

Tal es el caso del número (55) 95201030, con Lada de la Ciudad de México, el cual ha sido marcado más de una docena de veces hasta la Ciudad de Morelia, con la voz de una contestadora que injuria a López Obrador de forma explícita: “Si vas a votar en estas elecciones es importante que escuches este mensaje. Si piensas votar por López Obrador, es vital que lo escuches. ¿Sabías que López Obrador se pelea con los empresarios, lo que pone en riesgo las inversiones en el país? Si estás de acuerdo con lo que está haciendo, presiona 1” (Proceso, 05/VI/18). Lo curioso es que, de acuerdo a diferentes usuarios que han recibido estas misteriosas llamadas, dicha contestadora también menciona nombres como Elba Esther Gordillo o Napoleón Gómez Urrutia. Asimismo, se menciona que en caso de que Obrador llegue a la presidencia “la violencia de la CNTE” se desatará, al igual que la inseguridad.

Mientras este tipo de delitos electorales se repiten, ya no pregunto en dónde está la FEPADE, porque de nueva cuenta me quedaría esperando una respuesta que no va a llegar, más bien me cuestiono respecto al proceder de las personas que están detrás de este tipo de ataques, que afortunadamente, evidencian esa desesperación que se siente cuando se sabe que un cambio grande puede ocurrir. ¿Y a quién no le afectan los cambios? Más cuando se está consciente que el estilo de vida que uno practica diariamente, se encuentra en riesgo de perderse. Hoy AMLO está más cerca que nunca de la meta, y aunque sus detractores hagan de todo para impedir que por fin la conquiste, parece ser que el apoyo social manifestado en el sufragio ahora sí definirá el futuro de la vida política de México.

Gracias por su lectura.  
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Eros Ortega Ramos

Licenciado en Sociología por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana.
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