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Alemania, una caída para la Historia

A la Mannschaft, caótica y apabullada, se le echaron encima los martillazos de Suecia a México en Ekaterimburgo y sus propios demonios en Kazán para quedar eliminada por primera vez en la fase de grupos.

El fútbol recordará por siempre el 27 de Junio de 2018. Alemania, la gran campeona del mundo, tantas veces capaz de levantarse de entre los muertos para recordarnos que en este deporte, pasara lo que pasara, siempre ganaba ella, protagonizó en Rusia, qué ironía, una de las caídas más desgarradoras de la Historia. Fue sepultada por la República de Corea mientras los futbolistas asiáticos mezclaban las lágrimas con sus dos goles en el tiempo añadido. A la Mannschaft, caótica y apabullada, se le echaron encima los martillazos de Suecia a México en Ekaterimburgo y sus propios demonios en Kazán para quedar eliminada por primera vez en la fase de grupos. Desde 1938, cuando no hubo ronda previa, no dejaba de participar en unos octavos de final. Su final fue merecido.

Ya en la jornada inaugural, México le pasó por encima. Frente a Suecia, la otra clasificada, sólo un milagroso gol de Kroos en el minuto 95 la libró del escarnio. Quizá aquello no fuera más que una retorcida justicia poética para que los alemanes fueran finalmente ridiculizados por Corea del Sur. Tan emotiva en su esfuerzo pese a saber que los tantos de Ekaterimburgo la dejaban también fuera. Tan persistente en un día que la clavaría por siempre en el recuerdo del fútbol.

Porque nadie podrá olvidar el llanto desconsolado de Son, ese chico del Tottenham que marcó el gol definitivo ya en el minuto 96 después de que a Neuer le robaran el balón justo en la frontal de su propia área. Y nadie podrá sacarse de la cabeza a ese chico llamado Jo, un portero de cresta naranja convertido en gigante frente a un escuadrón de alemanes convertidos de repente en soldaditos de plomo.

Aquel gol de Kroos frente a Suecia que debía liberar a Alemania de toda angustia, de todo miedo por una caída al vacío, sirvió para salvar el cuello un rato más. Para que el verdugo continuara esperando sobre el cadalso. Pero no fue suficiente para borrar todos esos problemas de la Mannschaft en su peor Mundial de siempre.

Goretzka, Khedira y Özil

Y eso que su rival en esta última jornada, la República de Corea, con dos derrotas y con graves problemas tácticos, nunca debió ser el diablo que terminó siendo. Pero demostraron los asiáticos que con mucho corazón y empeño, nunca nada debe ser imposible. Y más contra esta Alemania que tan favorita comparecía en el torneo. Los constantes cambios de Löw durante la liguilla, lejos de estabilizar al equipo, acabaron por convertirlo en una caricatura. Hasta siete futbolistas ejercieron de delanteros frente a Corea. Sin centro del campo. Sin plan colectivo. Y con Hummels como solitario bastión defensivo.

Esta vez fueron cinco los cambios respecto al choque contra Suecia. Los más significativos, la suplencia de Thomas Müller por Goretzka (aunque para ello tuviera que ejercer de falso extremo diestro) y el regreso a la titularidad de dos de los grandes damnificados de la caída inaugural contra México, los veteranos Khedira y Özil. El pasado.

Con ellos dos de vuelta, los viejos problemas de circulación volvieron a estar bien presentes. Le costó otra vez la vida a Özil generar entre líneas. Ni enlazó con las orillas, ni acertó a interpretar los movimientos de Timo Werner, incapaz de estrenarse como goleador en este Mundial. Su torneo, pese a las buenas intenciones, será juzgado también por su incapacidad para marcar.

Tan pesada se sentía Alemania sobre el césped, tan limitada se la veía cada vez que le tocaba batirse en duelos directos con los esforzados coreanos, que las mejores ocasiones del primer acto cayeron del bando asiático. Cómo no, con su jugador franquicia, el spur Son, como protagonista. En la primera intentó el delantero aprovechar un grave error de Neuer tras un lejano disparo de falta. El meta alemán, a quien Löw no se atrevió a sentar en esta Copa del Mundo pese a pasarse un año de baja y pese a la excelente temporada de Ter Stegen, vio cómo el balón le daba en el brazo, no en la mano. Una segunda reacción de Neuer acabaría por evitar el gol. Poco después, el propio Son ejecutaría un derechazo desde el interior del área que no encontraría puerta.

El peso de la desdicha

Alemania ya temblaba. No sólo apenas hubo noticias de sus atacantes, sino que fue Hummels, el central que volvía tras su lesión, quien tenía que vérselas dando un giro entre cuatro defensores dentro del área hasta estrellarse con Jo.

El portero de la República de Corea, pese a su estrambótica estampa, admirador de De Gea, ha sido uno de los grandes futbolistas de su selección. El relato de los Mundiales le recordará la mano sacada a testarazo de Werner, al que de nada sirvió cabecear completamente solo.

Entró Mario Gómez. Entró Brandt. Entró Müller. A Kroos todo se le fue al cielo. Y Hummels, el único que parecía confiar en la última redención, ya no pudo aspirar a un último milagro. El videoarbitraje confirmó un gol de Kim en el 93 que nunca debía ser anulado por fuera de juego. Y Son, antes de ponerse a llorar, indicó a Alemania el peso de la desdicha. Italia y España lo conocieron en sus últimos Mundiales. El fútbol también es esto. Y la vida.

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El Mundo
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