Salud

A propósito de la melancolía: esa cualidad humana de estar tristemente felices

Existe una línea borrosa entre la melancolía y todos los demás sentimientos. Aparece siempre que puede y habitualmente cuando no se la espera.

La melancolía es un estado de ánimo situado entre el ombligo y la lágrima (Juan Echanove)

La melancolía es una sensación asociada a la tristeza, a pesar de que algunas veces implica revivir buenos recuerdos. De hecho, la escritora británica Amelia Barr afirmó que “todos los cambios están más o menos teñidos con la melancolía porque lo que dejamos atrás es parte de nosotros mismos”.

Pero melancolía no es tristeza. La tristeza implica dolor y niveles distintos de desesperanza. La melancolía, por su parte, es una emoción distinta, con evocaciones difíciles y hasta dolorosas, pero con la que uno puede arroparse, es cómoda de vivenciar y su mayor riesgo reside en el exceso.

La melancolía es como el sol después de una tormenta, como una imagen sombría que no deja de ser esperanzadora. La melancolía nos sumerge en una “infelicidad” consciente e intencional que, paradójicamente, nos genera una cierta felicidad.

Existe una línea borrosa entre la melancolía y todos los demás sentimientos. Aparece siempre que puede y habitualmente cuando no se la espera. Es objeto de emociones altamente subjetivas y llega investida de “belleza romántica”.  Es habitual que nos sorprenda de noche y casi cualquier cosa la despierta: el recuerdo del amor, de la amistad, una esquina, un balcón, un papel, o cualquier cosa encontrada en un cajón. Y es que la melancolía reside en nuestro sistema límbico, junto a la memoria.

La melancolía es una extraña dolencia con sabor agridulce, de la que nadie escapa y en la que algunos viven permanentemente, especialmente quienes orbitan en torno al desánimo y a la sensación de que nada nos satisface, pero que, sin embargo, encuentran en ella empatía y comprensión y una no siempre comprensible sensación de alivio. Y es que, como decía Víctor Hugo “la melancolía es la felicidad de estar triste

El arte, tan impregnado de melancolía, nos ayuda a comprenderla. Escritores y pintores nos han descrito la serenidad de la melancolía, la aceptación de la parte trágica de la vida o el acto voluntario que supone permanecer en el desconsuelo. Más allá de la melancolía se esconden los trastornos del ánimo, y eso, amigos, es un asunto que compete a la psicología y que abordaremos en otro momento.

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Blas Ramón Rodríguez

Psicólogo. Especialista en Medicina Psicosomática y Psicología de la Salud, experto en intervención psicológica en Diversidad Funcional y Trastornos mentales, Master en psicología del trabajo, por las Universidades de Barcelona, Ramon Llull, San Jorge, UOC, de Las Palmas de Gran Canaria. Escritor y divulgador científico en diferentes medios de comunicación. El propósito de su actividad profesional, científica, divulgativa y literaria, es poner al alcance de cualquiera la psicología como elemento esencial para la mejora de la calidad de vida.
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