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De columnas de Aniversario, la lúbrica Lilith e ilustres premios de poesía caribeña

El Minotauro

Por Nicolás Durán de la Sierra

Con la entrega que el lector tiene ante sí, esta non columna llega a los seis años de publicación. Bien se pudiera esperar que Hugo Trejo y Salvador Montenegro, señorones de Estos Días, dispusieran de un agasajo digno de la gesta, pero mejor es ir por vía segura y El Escriba prefiere que sea el Señor del Mediterráneo quien monte el sarao, que después de todo ha sido su amanuense y principal vocero.

Además tales editores no tienen suficiente voz como para invocar a la sensual Marilyn Calipigia, o a la gran Ariadna ni aún al mucamo Teseo, quien por cierto y como respuesta a reclamos de la primera, prometió que antes de que finalice el siglo definirá su sexualidad, aunque por ahora prefiere que se le tenga como heteroflexible; a Ariadna, por su parte, el tema ni le va ni le viene mientras el Laberinto este limpio.

Por otra parte, el retorno del Héroe en compañía de Lilu, hija de Lilith, anuncia un ambiente propicio para un grande festejo lúbrico, aunque no exento de finas bebidas y mejores viandas. Se hace votos porque fluya el licor de ambrosía, que embriaga pero no deja abominable resaca, cruda, hangover, avoir o como quiera decírsele a la postración postetílica, que puede traer consigo hasta temblores fatales.

Cuentan que Giovanni Papini, el famoso autor de obras sabias y sabrosas como El libro Negro o El trágico cotidiano o Gog, tras tremenda borrachera y postrado en su cama, quizá aún bajo vapores de absenta o ajenjo –bebida de moda en la Europa intelectual de entreguerras-, para reponerse de sus excesos cayó en profunda duda existencial: ¿Debía pedir un litro de birra (cerveza) o un confesor?

Para evitar que el lector se asome a tan cruel vacilación y su alma corra riesgo de naufragio, hay que acatar el consejo de don Friedrich Nietzsche, el de Zaratustra, y no mirar al abismo porque “el abismo también te mirará”; para evitar ello baste decir que la literatura perdió uno gran alfil y la bobería católica ganó un tinterillo que acabó publicando libros como La imitación del Padre o Santos y poetas. ¡Porca miseria!

Pero no distraigamos la ruta: se trata del merecido festejo de aniversario de esta bien peinada columna, del armado de ésta cargo de El Minotauro, aunque ya metidos en fiestas, en noviembre se entregará el Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres que este año ganó el poeta Luis Lexandel Pita, por Tonalidades en silencio. De su alta calidad, van de muestra unos versos del “Confesión de un viejo herrero”:

 

He elegido hacerme inmortal antes de la próxima luna, /donde la nieve al fin sea lluvia /y la virginidad de los astros la humedad /que resbala por mis ojos. /Mañana esta verdad que hoy creo /será el más terrible de los silencios, /donde los cantos apenas escapan al tiempo, / al instante en que cerramos las manos por última vez. / Yo, She Huang Ti, el viejo herrero del pueblo, /he sido tan breve como apenas lo fue esta lumbre en invierno /o acaso sólo el rumor de la nieve cayendo /sobre estos lentos y ya cansados años.

 

Ganador de numerosos certámenes poéticos como el XIV Ramón Campoamor  de Navia, España, 2015; el Ciro Mendía, de Colombia, y el Premio Internacional de Poesía 2017 Andrés García de Madrid, España, ha escrito los libros Oficios para el olvido, Delirios del escriba, Ritos de la primavera, Mapas del polvo, Falsas maniobras, Cánticos y otros versos del destierro y Bello país de la muerte.

El poeta recibirá de Juan Carrillo, edil de Isla Mujeres, los 50 mil pesos con que está dotado este premio que cada año tiene más aliento en el Caribe. El libro será editado por la comuna y la Gaceta del Pensamiento e incluirá las citas de honor que fueron para José G. Solórzano, por Poemas para un fin del mundo; José Santos Aguilar por Bajo los efectos de la marea y para Odette Alonso Yodú, por Equilibristas.

       De la calidad literaria de esta última poeta muestra son los versos del poema “Nosotras”: Escribiré sobre tu espalda /sobre la línea ya escrita en otra lengua /en las noches absurdas del vacío. /Cuatro versos tal vez /cuatro renglones con los que apuntalar /el espacio que queremos. /Bajo mis uñas /Corre el hilo de tu sangre /La espera concluida /La palabra /Nosotras.

El premio, como se dijo, cada año cobra mayor presencia y esta vez llegaron trabajos de Venezuela, Puerto Rico, Cuba, Colombia, República Dominicana y los Estados Unidos y es la voz cultural de México en el Caribe. Entre otros intelectuales y artistas de prestigio, el jurado estuvo formado por Angélica Díaz Ceballos, don Ramón Iván Suárez Caamal y Agustín Labrada Aguilera.

En tanto se escribe esta columna, se avisa al respetable que una tormenta azota las costas de Creta –si estuviéramos en el Caribe se llamaría Nate– por lo que su extensión no será muy dilatada. La culpa es de Eolo, cachetón impertinente. No obstante, línea tras línea, hasta donde se pueda, continuará el preámbulo para la aparición de Lilu y de su madre Lilith, que sería harto grosero no atender a los morbosos.

Por cierto, va un trompo a la uña ¿Lubricar a una lúbrica o lúbrico, es pleonasmo sexual? Un lujurioso o lascivo, que son aquellos “que se deslizan o resbalan hacia el pecado de la carne” pueden padecer resequedad y… Pista para los ociosos: las voces vienen del latín lubricus. Pero el caso es que ambas son lúbricas y no precisan ayuda alguna para hacer gala de su sexualidad. ¡Ole!- grita la gayola- lo que hace un acento!

Podría decirse que el párrafo anterior está dedicado a los que gustan de los juegos lingüísticos, pero ello es falso, pues se trata de una mera travesura intelectual. Ahora bien, si algún lector quiere hallar en estas frases un doble sentido, la responsabilidad es suya. La lingüística es el estudio científico de la estructura de las lenguas, de las formas de hablar, y no de órganos anatómicos, por útiles que estos puedan ser.

En tanto se escribe la columna, se repite, cae del cielo tal cantidad de agua sin güisqui, que el fenómeno comienza a ser ridículo, como alguna vez dijera Oscar Wilde. Por ello y ante la posible falta de fluido eléctrico, el lector tendrá que esperar hasta la próxima entrega para una mayor glosa de las asirias. Empero, se adelanta que Lilith y su hija parecerán desnudas y aladas, en calidad de súcubos, y con ganas de pelea.

 

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Nicolás Durán de la Sierra

Originario de la Ciudad de México (1960) estudió periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, con cursos externos de filosofía e Historia de la Literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Y de Economía en la Universidad Autónoma de Madrid, España.

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