Nicolás Durán de la Sierra

De terremotos y comerciantes aviesos, de Lilith, Hugh Hefner y de las señoriales indolencias  

Por Nicolás Durán de la Sierra
 
Casi repuesto de un severo ataque de indolencia que le llevó a recluirse en el laberinto sin más apoyo que el de Ariadna, en caso de urgencias eróticas, El Minotauro proclama su vuelta a esta columna en la próxima entrega y anuncia además que lo hará junto con Lilu, hija de Lilith, dama mesopotámica que, según chismes judíos, fue la primerísima en amagar la vida de Adán, bobo fácil de engañar, según bíblica serpiente.
     
La mitología hebrea, menos mojigata que la católica, dice que los lilims eran una suerte de súcubos que en sueños seducían a los hombres y causaban sus eyaculaciones, “con las que se refocilaban”. La nota de pie de página no explica si eran los seducidos o las seductoras los que se divertían o si eran ambos, pero el caso es que era la dicha Lilu la que iba a la cabeza del grupo de “entidades oscuras”. (¿?)
      Tal es la invitada del Héroe. Hay hasta quienes dicen que fue musa del fallecido Hugh Marston Hefner, el del Playboy, pero la versión es increíble pues el editor era un zafio que se decía intimo de Donald Trump, más su hijo niega la amistad. Empero, en los 90s, su padre le dio la portada de la revista al hoy presidente. Sorpresa: él iba vestido y la curvilínea ‘ex conejita’ Melania, su entonces esposa, también. Pervertidos.
      Con todo y antes de volver a la miga de la columna, justo es valorar a Hugh, que encuerar tantas bellezas tiene mérito. Además, su sigilo también merece aplauso pues, en público, nunca dio detalles de las singularidades de la relación de la ninfa eslava con Trump, que “despertar con mamarrachos no es cosa fácil”, como dijera Anahí Puente, la consorte de don Manuel Velasco Coello, el gobernador de Chiapas.
      Pobre Melania, de seguro más de una vez debió dolerse de su propia codicia, de los torcidos caminos que por los que la había llevado su afán monetario. Para sopesar su calvario sólo imagine el lector el estupor de la hija de Ucrania cuando su exesposo, pongamos, le dijera: Now goes the jump of the white tiger. Pobre Ivana, la actual esposa, que debe aguantar al mismo tigre, pero viejo y con garras azul viagra…
      Vaya el párrafo en loor del extinto editor de Playboy que tanto sabía de femeninas honduras. No resulta aventurado afirmar que, de no mediar la nonada de que está muerto, el insigne poeta Enrique González Martínez, aquel que de los inmortales versos: “Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje/ que da su nota blanca…”; ese gran bardo tapatío le habría compuesto, de menos, una elegía.
      Para aquellos que pregunten qué de la suerte de la bella Marilyn Calipigia y de Teseo, se le informa que se hallan en la sufrida Ciudad de México apoyando, como voluntarios, en las tareas de rescate y reconstrucción. Llevaron consigo, para repartir a los afectados, el equivalente a una galera griega de oro del tesoro del Señor del Mediterráneo, aunque tal aporte fue entregado con extrema discreción.
      De hecho es posible que, de leer la columna, al Héroe le irrite la indiscreción.  Su gesto dista del de los dueños de los centros comerciales que se hicieron gratuita publicidad con el desastre, por no citar a partidos políticos y hasta institutos religiosos que con los derrumbes llevaron agua a su molino. Su gesto va con el anonimato de los pobres que ofrendaron lo poco que tenían en aras de la solidaridad humana.
      Al respecto, van algunas reflexiones de El Escriba: dentro de las consecuencias primarias del terremoto capitalino, al igual que hace 32 años tras el sismo de 1985, la vida pública del país sufrió a su vez una honda sacudida. Como antaño, la conciencia cívica gritó su enojo no sólo al gobierno federal, pasivo en unos casos y rebasado en otros, sino también a los poderes legislativos y a los partidos políticos.
      Ante las demandas públicas en el sentido de que éstos cedieran sus recursos para el rescate de la ciudad –López Obrador les comió el mandado- los partidos a regañadientes tuvieron que se donar parte de su dinero. Con ello quisieron reducir el enojo popular ante el próximo proceso electoral. No obstante, pareciera que la ira fue canalizada con ardides por redes sociales y otros medios hacia partidos y legisladores.
      Con estos ardides se quiso distraer a la comunidad de un aspecto básico de la crisis: rehacer las ciudades afectadas es tarea del gobierno federal, no de partidos ni de legisladores; el gobierno federal es al que toca la reconstrucción ¿Donde está el dinero del Fonden? ¿Cuánto suman los seguros de los edificios públicos caídos? ¿La ayuda monetaria internacional, dónde está? No hay cuentas claras.
      Con independencia de lo positivo que pudieran resultar los recortes a los partidos, conviene no perder de vista que es al gobierno federal al que toca la faena de la reconstrucción. ¿Qué se debe aplazar el tendido del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México? Sea, que primero es reconstruir la capital que otra cosa, en elemental sentido común. La “gran obra” del mañoso Enrique Peña Nieto puede esperar.
      Dichas las reflexiones, se avisa que esta columna, por respeto a la indolencia del Héroe, no puede continuar más allá de este párrafo. Temas hay, como la sandez del PAN del Estado al cortejar a Gregorio Sánchez Martínez, el Aleluyo, dueño de la franquicia PES; o las bobadas del Remby y sus planes para Cancún, pero hay que ser congruentes: si el Señor sufre apatía, El Escriba también. Abur.
 
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